lunes, 15 de mayo de 2017

Teresa González de F

Teresa González de Fanning

"Nació en la provincia de Santa, en 1836, y se educó en los mejores colegios de la capital de la República.

Desde muy niña se dedicó a la lectura de be­llos libros y de los clásicos y eclosionó en ella la afición a la literatura.  Joven aún comenzó a escribir y publicar en los periódicos de la época, tímidamente al principio, firmando sus escritos con el pseudó­nimo de "Clara", y así como era su nombre lite­rario era su estilo, diáfano y puro como el agua,

A los 23 años de edad contrajo matrimonio con el marino peruano, Capitán de Navio Juan Fanning; formando ambos contrayentes un hogar feliz.  La joven pareja fue la atracción de los salones limeños, en aquellos días de bonanza y de paz, de los años 1853 al 1870.

La guerra de 1879, destruyó el encanto y la felicidad de su hogar; porque su esposo el Capitán de navio Juan Fanning murió gloriosamente en Miraflores y la ilustre escritora fue una de las víctimas del incendio que provocaron en Chorrillos, las tropas invasoras. Incendiada su casa, muerto su esposo, se  encontró sola frente a la vida; ella que habría sido hija engreída y esposa mimada.

La guerra despiadada, la dejó pobre y viuda. Pero supo enfrentarse a la dura realidad, con una gran voluntad y tenaz energía. Y dio ejemplo de valor, de sacrificio y de esfuerzo.  Fue el símbolo de la Patria enlutada que se sobrepone al dolor, a la pobreza, al infortunio; extrayendo fuerzas de su propio corazón, se propuso vencer al destino y triunfar. Y lo consiguió.

Fundó un Colegio para señoritas, que muy monto se acreditó, hasta el punto que fue el preferido de las más distinguidas familias, que esco­gían para sus hijas aquel liceo donde el lema pe­dagógico era:  "La educación sobre la instrucción".

Así esta ilustre maestra se adelantó a su tiempo, pregonó la necesidad de la educación integral de la mujer peruana, para preparar el porvenir.  La educación de los sentimientos, el pulimento de la personalidad, fueron los nortes y las metas de una novedosa pedagogía de la que ella se convirtió en la abanderada.  De esa manera formó a sus alumnas que fueron después matronas distinguidas, damas ejemplares, orgullo de la sociedad peruana de aquel entonces.  Devolvió así esta mujer admirable en horas de deber y de sacrificio, en obra y frutos de educación, lo que la sociedad le dió en halagos y distinciones, en horas de paz.

Y nunca interrumpió su labor literaria.  Casi después de su matrimonio con el pundonoroso y pa­triota marino, dejó de firmar sus escritos con el pseudónimo de  "Clara" y rubricó su obra con su ilustre nombre.  Las revistas literarias de aquella época, como  "El  Lucero", los  periódicos como  "El Comercio”, se ufanaron de sus colaboraciones.

Participó en las veladas literarias de Juana Ma­nuela Gorriti desde 1876-1877.

Este Club Literario en el que actuaban Teobaldo Elias Corpancho, Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera, Carlos Amézaga, le abrió sus puertas y fue ella, con doña Amalia Puga, una de las principales figuras de aquel memorable ce­náculo cultural de gloriosa memoria que, transfor­mado después en el Ateneo de Lima, fue, por la ca­lidad de sus miembros, por la seria y, proficua la­bor que realizó. Centro Cultural que no ha sido ja­más superado.

El Ateneo de Lima premió su primera novela titulada "Regina” por su mérito literario y su ín­dole patriótica y moral. En ceremonia solemne e inolvidable para el mundo literario de aquellos días,se impuso la medalla de oro y se le entregó el di­ploma de honor.  Ella agradeció con un discurso be­llo, saturado de su modestia y virtud. ­

En 1893, publicó su segundo libro que llevó el título de: "Lucecitas" y, al año siguiente, apareció su última obra con el sugestivo título de "Indómi­ta ”, en cuyas páginas, al decir de Amézaga, se re­trata ella misma, en cuanto a su voluntad de vencer las duras pruebas del destino.

En el tiempo en que fue la máxima autoridad en "Educación femenina" publicó con este nombre un interesante libro pedagógico; reuniendo en él los artículos que sobre educación había publicado en el diario "El Comercio” de Lima. "En esta obra —dice doña  Elvira García y García— la gran educadora se adelantó a su medio y a su época”.

La ancianidad de doña Teresa Gonzáles de Fan­ning fue una ancianidad gloriosa. Retirada de toda actividad, en la tranquilidad de su hogar, vivió rodeada de sus exalumnas y admiradoras, que rememoraban sus enseñanzas de maestra incomparable y sus triunfos literarios. Siempre afloraba a sus la­bios el sabio consejo y el decir castizo y sen­tencioso."
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Biografía publicada en el libro "Mujeres Ilustres" de Diego Camacho.

Saludos
Jonatan Saona

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