miércoles, 6 de abril de 2016

Discurso en Valparaíso

Discurso en Valparaíso de Eulogio Altamirano

"CRÓNICA  DE  «EL  MERCURIO».
Valparaíso,  Abril  7  de  1879.

El bando jeneral de declaratoria de guerra al Perú i Bolivia tuvo lugar ayer en medio del entusiasmo i gran movimiento que desde temprano se notó en la población.

En la plaza Francisco Echáurren se reunieron todas las compañías de bomberos, la fuerza de línea de que ha podido disponerse, dos compañías de la guardia municipal al mando de su coronel Niño, i el batallón cívico Naval.

Mandaba las fuerzas el coronel del cuerpo de injenieros don Francisco Gana.

Como a la una i media empezó el desfile hacia la plaza de la Intendencia, que ya estaba ocupada por una gran cantidad de jente.

Allí el señor Intendente Altamirano, situado en uno de los balcones del palacio, leyó el bando, que arrancó a la multitud un unánime viva a Chile al ser pronunciadas las palabras de guerra al Perú i Bolivia.

Terminada la lectura del bando en medio de las acla­maciones del pueblo, el señor Altamirano pronunció un discurso verdaderamente patriótico i bien meditado, que conmovió hondamente al pueblo.

Era imponente el espectáculo que en esos momentos ofrecía la plaza, porque se había convertido en un templo por el silencio relijioso que reinaba i la actitud reverente, llena de emoción, que se observaba en todos los ciudadanos i aun en los estranjeros que presenciaban el acto.

Pero a pesar del arrobamiento jeneral, de cuando en cuando era imposible prescindir de los aplausos i los vivas que salían de toda la plaza.

El señor Altamirano estuvo patriótico sin incurrir abso­lutamente en la fanfarronería que es el defecto de algunos discursos de la época, cuyos autores se dejan arrastrar de­masiado por el entusiasmo. Se colocó no solo a la altura del mandatario, sino a la del chileno, i del chileno patriota que no se forma ilusiones i que por lo mismo sabe apre­ciar la situación.
  
Mas abajo publicamos el discurso, que por cierto no tendrá el mérito que le encontramos nosotros i cuantos lo oyeron de boca del elocuente orador.

Después del discurso empezó el desfile de las tropas, de los bomberos i del pueblo hacia el Almendral, siendo leído el bando en todas las plazas de la población por el escribano señor Escala.

El acto ha tenido, pues, lugar con toda solemnidad, no­tándose el entusiasmo con que el pueblo ha acojido la san­ción de la declaratoria de guerra de las dos Repúblicas aliadas por un pacto secreto e infame."

DISCURSO DEL SEÑOR ALTAMIRANO.  
«Hemos llegado a la gran fecha de nuestra historia con­temporánea.
Hoi se inicia un período que puede ser para nosotros de grandeza i de gloria, de merecido prestijio en América, o bien de abatimiento i decadencia.

Abandonamos a pesar nuestro los trabajos de la paz para empuñar la espada de los combates.  La pérfida conducta de dos Gobiernos que creíamos amigos, hermanos, aliados, i que eran de antiguo constantes enemigos de nuestro país,  nos  arrastra  a  esta  dolorosa  estremidad.

América sabe i no olvidará lo que hemos hecho por con­servar la paz i por hacer cordiales nuestras relaciones con Bolivia i el Perú.

Hubo un día en que el Perú vio amenazada la integri­dad de su territorio por poderoso enemigo.  Chile estaba desarmado, pero esta consideración no le detuvo e hizo suya la causa del hermano.

Aun podéis ver incrustadas en este edificio las balas que recuerdan nuestro sacrificio.

¿I sabéis cómo nos ha pagado el Perú nuestra conducta en aquel solemne momento de su historia?  Ha corrido la América i golpeado a la puerta de todas las cancillerías en solicitud de adhesiones para un pacto de odio i de ester­minio a Chile.
¡A las armas!  i castiguemos tanta perfidia i tanta ingra­titud.

Pero tened presente que la empresa es ardua, que la victoria está lejos i que para llegar hasta su trono glorioso es preciso haber depositado abundantes ofrendas en el altar de la patria.

Corred a llevar esas ofrendas, corred a los cuarteles i llenad los claros que aun existen en nuestras filas.

Pero sobre todo, pongamos término a nuestras disensio­nes domésticas.

Pensad que si en política hai i deben haber muchos ideales, el ideal de la patria es solo uno i para todos el mismo.

Unámonos en torno de nuestro glorioso pabellón, jure­mos no retroceder ante ningún sacrificio por mantenerlo sin mancha i respetado. Cuando la fatiga os rinda, cuando las gabelas que trae necesariamente la guerra os parezcan pesadas i os venga la idea de resistirlas, pensad en la patria humillada, escarnecida, vencida, i ante esa visión recobraréis toda vuestra enerjía i toda vuestra virtud.

No olvidéis, os lo repito.

Damos principio a una guerra mas grande que la de nuestra independencia. Jugamos nuestro porvenir i nues­tro puesto en los consejos de América.

¡Arriba entonces! No mas discursos, no mas meetings, no mas reuniones nocturnas para hacer el gasto de un fácil patriotismo.  ¡A los cuarteles!.

Que Valparaíso prepare a sus mejores hijos i los envíe a representar su patriotismo i su entereza en los campos de batalla; que entre provincia i provincia se establezca la santa emulación del sacrificio por la patria. 

Queda declarada la guerra a los gobiernos de Bolivia i el Perú. 

¡A las armas! entonces, i a la victoria o a la muerte al grito de: «¡Viva Chile!»"

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Texto publicado en el tomo 1 de la recopilación de documento de Pascual Ahumada y Moreno.

Saludos
Jonatan Saona

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