domingo, 8 de marzo de 2015

Dolores


Rabona DOLORES
(Tomado del libro "La Mujer peruana a través de los siglos" de Elvira García y García)

La india peruana tomó parte tan activa, en la guerra con Chile, que merece capítulo aparte. Era costumbre entonces, que cada batallón, que salía a campaña, podía hacerse acompañar, de un pequeño grupo de mujeres, que se llamaban rabonas, y que servían al soldado en todo cuanto podían demandar. Nunca fueron un estorbo, y al contrario, a todos eran muy útiles, llegando algunas de ellas a desempañar comisiones muy delicadas, que se confiaban a su  discreción y heroísmo.

Dolores era la esposa de un sargento, que en la toma del Cerro de Dolores, en el combate de San Francisco animaba a todos sus compañeros con la palabra y los hechos. La mujer le seguía, como la sombra al cuerpo, y le proporcionaba cuanto podía serle útil, y cada vez que el Sargento gritaba: ¡Adelante, muchachos! la india se sentía arrebatada por el mismo ardor bélico.

Al fin, el sargento cayó para no levantar más, pronunciando sus clásicas palabras ¡Adelante, compañeros!”.

Un grito indescriptible, un rugido salvaje, como el de la leona que ve caer herido a su compañero, rey de las selvas, se escapa del pecho de la joven, y en un momento de locura y de desesperación, después de abrazarse al cuerpo de su marido, le arrebata el rifle de las manos, ocupa su puesto en la compañía y clamando venganza a gritos, toma de las mantas de los soldados, cápsulas, que dispara contra el enemigo.

En su ciego dolor, insulta a los mismos soldados que le acompañan: “Cobardes! les gritaba, ¡Suban pronto; corran como lo hago yo; vamos a vengar al sargento!”.

Poseída de una fiebre que la consume, no se detiene ante los obstáculos, que encuentra en el camino y avanza haciendo fuego, como si fuera un soldado veterano. Llega la primera a los parapetos del enemigo, ayuda a desalojarlos y les toma los cañones.

Su voz se oye entre todas, animando a cumplir su deber de peruanos.

Pelea junto a los soldados, cuerpo a cuerpo. Todos retroceden, menos ella, que se muestra temeraria.

Su entusiasmo es contagioso, y viéndola los soldados, que no abandonaba el puesto, no tienen valor para dejarla sola, y que­dan combatiendo a su lado, hasta que la obligan a retirarse y la hacen descender la colina.

Al bajar tropieza con el cadáver de su marido y al contemplarlo nuevamente, renace en su alma todo el ardor bélico y quiere quedar allí, para vengar la muerte de todos los suyos.

Con mil trabajos logran desprenderla de ese sitio, y comienza desde entonces la triste peregrinación, junto con todo ese ejército de valientes, que emprenden la triste y angustiosa retirada, hasta llegar a Tarapacá. 

Allí vuelve a tomar parte activa en el combate, la valiente Dolores; y rodeada de sus soldados reanima sus  pechos desfallecidos, hasta que ganan la batalla, alcanzando la más gloriosa victoria por lo mismo que la condición de las fuerzas, era tan desigual.

Su glorioso comportamiento pasa inadvertido, para todos. Nadie sabe ni cual es su nombre. Eso no le importa. La llaman Dolores, por el nombre del cerro, que sirvió de escenario a su magna empresa. 

La valiente mujer, heroína modesta de San Francisco y de Tarapacá, no pudo resistir las penalidades que fué preciso soportar, al regreso hacia Arica.

Había recibido una grave herida en un brazo, y las mil fatigas de la marcha, el recuerdo de su esposo, al que no olvidaba, y la miseria, que soportaban, careciendo hasta de lo más necesario, doblegaron su organismo, que menos fuerte que su espíritu, cayó como la flor tronchada por la tempestad. 

El cuerpo de Dolores,  como el de muchos valientes, quedó tendido y abandonado en medio del camino. 
*******************
Texto e imagen tomados del libro"La Mujer peruana a través de los siglos" de Elvira García y García

Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Como relato literario está bien, pero es extraño que ningún historiador serio muestre el caso.

Saltan las dudas cuando se afirma que se tomaron los cañones. La historia expresa que a lo más Don Ladislao Espinar llegó con sus hombres hasta unos 20 ò 30 metros de los cañones, que por un error táctico los chilenos no habían protegido bien. Tuvo que acudir el Atacama y a la bayoneta hicieron retroceder a los aliados.

También se expresa que en Tarapacá Chile tiene la superioridad de fuerzas. Aún en relato de Thomas Caivano (favorable al Perù) , asigna 3.900 hombres los chilenos y 5.000 a los aliados. Vicuña Mackenna, a quien tanto le gusta citar Caivano, dice que los aliados los triplicaban en número .Un exceso de confianza y errores tácticos y de información, llevó a los chilenos atacar fuerzas demasiado superiores.

Es discutible quien ganó la batalla de Tarapacá: ambos contendientes se retiraron, pero los chilenos volvieron y quedaron dueños del territorio… y encontraron los cañones abandonados por el ejército aliado.

Más aún, al llegar Arica el General Buendía se le quitó el mando y fue juzgado por este “magnífico triunfo” (? )

Finalmente, la heroína queda botada en el desierto… ¿No era digna se le enterrara, una mujer que se le había seguido su actuación con tanta admiración…, a lo menos por el supuesto testigo?

Anónimo dijo...

como colore tambien habian mujeres BOLIVIANAS RABONAS.
Pase años hasta encontrar datos oficales, Si existen una fotografia en el libro bolivianos en el tiempo.
Donde la rabona sigue a su eposo, con su hijo-niño.
Da a entende que en el repaso chileno, no solo fueron exterminados los soldados sino su rabonas y sus hijos, que murieron tambien asesinados o abandonados.
Solo existen notas de referencia a ellas, donde se dice que fueron fusiladas despues de repaso el ejercito. Solo fotografias en Bolivai no se conocen sus nombres.
POr esto TODAS LAS MUJERES DOLORES Y LAS ANONIMAS BOLIVIANAS RABONAS, deben ser recordadas porque mantuvieron la guerra en defensa de su pais.
aTTE. LENNY PAMELA MOYA

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