lunes, 17 de noviembre de 2014

Riveros sobre Pilcomayo

Parte de Galvarino Riveros sobre la captura de la Pilcomayo

Comandancia Jeneral de la Escuadra.

Pisagua, Noviembre 20 de 1879.
Señor Ministro:

A la 1 A. M. del 17 del corriente zarpé de esta bahía con el blindado Blanco Encalada, proponiéndome efectuar una escursión por la costa peruana hasta el puerto de Islai.

La hora de mi salida fué subordinada a la del vapor de la carrera fondeado en este puerto aquella noche, i que zarpó de aquí a las 11 P. M. del día 16.

El retardo de mi partida tuvo por objeto el evitar que aquel vapor llevase a Arica la noticia de mi movimiento, poniendo en guardia al enemigo.

Mi rumbo a la salida de Pisagua fué al Noroeste calculando llegar al frente de Islai al amanecer del 18, i a las 5 A. M. de ese dia me encontré en aquel puerto, en el cual no habia nave alguna.

Desde allí, mui próximo a la costa, seguí mi derrotero hacia el Sur.

A las 6 A. M. pasé delante de Moliendo, donde existen tres fortificaciones artilladas, las que, al avistarme, se prepararon a la defensa. En esta bahía no se encontraba ningún buque.

Siguiendo mi marcha, i como a las 8.50 A. M., se avistaron hacia el Sur tres humos de vapores, que al poco tiempo se reconocieron ser la Unión, la Pilcomayo i el Chalaco, naves de la escuadra peruana.

Según noticias obtenidas posteriormente, esas naves habían salido de Arica al amanecer de aquel dia, dirijiéndose al Callao.

Conociendo el andar de los buques enemigos, comprendí que, no pudiendo dar caza a la Union con éxito seguro, debía consagrarme a la persecución de la nave de guerra enemiga que me diese, por su marcha, probabilidades de captura.

Ordené al comandante del Blanco que emprendiese la caza de la Pilcomayo, i esa persecución comenzó frente a la caleta Pacui, marchando el blindado con toda la fuerza de su máquina.

Progresivamente las distancias se fueron acortando de tal manera que a las 11 A.M. la Union se desprendió completamente de su convoi, puso proa al Oeste i poco después tomó rumbo directo al Norte, perdiéndose de vista al poco tiempo.

El Chalaco, pegado a la costa, siguió igual rumbo, mientras el Blanco continuaba su persecución a la Pilcomayo.

Esa persecución se prosiguió con tenacidad durante cinco horas i en una ostensión como de sesenta millas.

A las 2.5 P. M. la nave perseguida disparaba sobre el Blanco su primer cañonazo, separándonos una distancia de cinco mil metros; sin preocuparme de los disparos del enemigo, seguía acortando la distancia.

La Pilcomayo continuó haciendo fuego con punterías por elevación bien dirijidas, pero que pasaban sobre la arboladura del blindado. Solo dos proyectiles chocaron contra los costados del blindado Blanco Encalada, sin causar daño alguno.

Mientras tanto, la distancia se iba estrechando rápidamente. A las 3 P. M. esta distancia era de cuatro mil doscientos metros. En ese instante ordené romper el fuego, i nuestro primer proyectil rompió el pico de trinquete de la arboladura enemiga, i estalló a pocos metros delante de su proa.

Siguió inmediatamente otro disparo, pero en esos momentos ya pudo notarse, desde a bordo, que se arreaban los botes de la Pilcomayo i que se embarcaba en ellos alguna jente, a la vez que el buque detenia su marcha.

El Blanco Encalada continuaba avanzando, i como la bandera enemiga flameaba aun en la nave atacada, se hizo un tercer disparo con los grandes cañones del Blanco, i a corta distancia algunos otros con los cañones pequeños de cubierta i con las ametralladoras i rifles.

Eran las 3.20 P. M. La jente que habia ganado los botes arriados en la Pilcomayo, se mantenia no lejos de aquel buque, comenzando a dirijir hacia el blindado señales de rendición, ajitando en el aire algunos lienzos blancos.

El fuego cesó en ese instante i casi inmediatamente hice salir un bote de a bordo, enviando a la nave rendida a un oficial con algunos soldados. La abordaron éstos, arriaron la bandera peruana i colocaron en su lugar la chilena. Nos encontrábamos al frente de punta Chocota.

Casi al mismo tiempo que se desprendían los botes de la Pilcomayo, se notó que se habia declarado un incendio hacia la popa de ese buque.

Cuando se tomó posesión de él, el incendio tenia ya proporciones consid«rables i se vio que habia comenzado en la cámara del comandante.

Según la declaración de ese jefe, el fuego se habia prendido con la idea de que el buque incendiado se hundiera en el mar. Trasbordados al Blanco Encalada los comandantes, oficiales i tripulación de la nave rendida, consagré todos mis esfuerzos a salvarla para que pudiese mas tarde prestar servicios en la marina de la República.

El incendio, estimulado por el fuerte viento que soplaba en aquel dia, fué adquiriendo proporciones alarmantes; de tal manera, que hubo un momento en que se creyó imposible la salvación de aquella nave.

Los señores comandantes i oficiales, lo mismo que la tripulación del blindado, se reunieron en un laudable empeño de esfuerzo i de fatigas para lograr el objeto que me proponía.

Se trajo a la Pilcomayo al costado del Blanco Encalada, i usando de las poderosas bombas de este buque i cortando el fuego a la vez con el agua i con las hachas, se logró después de dos horas de incesante i rudo trabajo, poder llegar a dominar el incendio.

A la vez que se practicaba esa operación, se hacia trabajar al buzo de este blindado en tapar una via de agua abierta en la línea de flotación i se hacían cerrar las válvulas. Esa via de agua fué hecha con el intento de que el buque se fuera pronto a pique por un cañonazo de las propias piezas de la Pilcomayo, disparado sobre su cubierta por orden de su comandante.

Cuando se tuvo la seguridad de haber salvado el buque, ordené al comandante del blindado que lo tomase a remolque, i he entrado con él a este puerto hoi a las 7 A. M.

Recibí como prisioneros a bordo del blindado al señor comandante de la Pilcomayo, que lo era ya de la corbeta Union, capitán de navio don Carlos Ferreyros, a su segundo, capitán de corbeta graduado don Octavio Freiré i a todo el cuerpo de oficiales.

La tripulación prisionera entre comandantes, oficiales, marineros i soldados de la guarnición del buque, alcanza a 167 individuos.

Incluyo a V. S. la lista nominal de esos prisioneros.

Creo un deber de estricta justicia recomendar al comandante, a los oficiales i a la tripulación del blindado, que tanto durante el combate, como en la fatigosa tarea de la salvación del buque rendido, han sabido cumplir dignamente con su deber.

En la captura de que doi cuenta a V. S., no hemos tenido que lamentar ninguna baja en la tripulación del Blanco Encalada. En la del buque enemigo solo hubo un herido i no de gravedad.

Actualmente se trabaja con empeño en estraer toda el agua de la Pilcomayo i en prepararla para que pueda efectuar su viaje a Valparaíso.

Los prisioneros han sido, por orden de V. S., trasbordados hoi al vapor Loa.

Dios guarde a V. S.
GALVARINO RIVEROS.

********************
Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

El "Pilcomayo" debió luchar así como hizo el "Huascar" hasta el final, no rendirse rápido o hacer el hundimiento más rápido en el peor de los casos. No todos eran como Grau

ws2falcon dijo...

De qué habría servido que mataran a la tripulación de la cañonera? El Perú se enfrentó a una guerra sin estar preparado para un conflicto de exterminio que es lo que ésta guerra fué. Esperemos que la lección histórica esté clara para los gobiernos Del Perú.

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