lunes, 17 de noviembre de 2014

Ferreyros sobre Pilcomayo

Parte de Carlos Ferreyros sobre la captura de la Pilcomayo

A bordo del vapor "Loa"

Al ancla en Pisagua, Noviembre 22 de 1879.
Señor Jeneral Ministro en el despacho de Guerra i Marina:

Habiendo zarpado del puerto de Arica la corbeta Union, a las 10 P.M. del 17 del que cursa, me puse en movimiento con esta cañonera siguiendo sus aguas, perdiendo mui pronto de vista a la corbeta por la oscuridad de la noche i navegar nosotros a media fuerza para dar tiempo a que el Chalaco, que también debia zarpar, se reuniese al convoi, siguiendo así con rumbo al N. 70' O. hasta el amanecer, en que avistamos a este trasporte por nuestra aleta de estribor.

A las 8 A.M. nos hallábamos a 25 millas al Noroeste de Punta de Coles, con rumbo a Mollendo, cuando el vijía anunció un humo por el Norte, el que una hora después reconocimos ser el de la Union, avistándose en este mismo momento por nuestra amura de estribor i hacia el lado de tierra otro humo.

A las 9.50 A.M., la Union, que había puesto la proa hacia el Sureste, gobernando en nuestra demanda, hizo un tiro de cañón, izando señales que no fué posible distinguir por la distancia que nos separaba. Comprendiendo que el vapor avistado era enemigo, gobernamos hacia el Sur Suroeste, haciendo un disparo de alarma al Chalaco, el que inmediatamente se dirijió hacia nosotros.

A medida que se acercaba la Union, pudimos distinguir sus señales que decían: "buque enemigo a la vista", i en seguida nuevas señales anunciándonos que el buque enemigo era un blindado. Pocos momentos después pasaba por nuestra popa en demanda del Chalaco.

A las 10.15 A.M., la Union gobernaba hacia fuera, cruzando nuevamente por nuestra popa a distancia de 500 yardas. El Chalaco lo hacia al Sur, i nosotros teníamos la proa al Sureste un cuarto Sur, distando la costa 20 millas. El blindado que nos daba caza estaría de 6 a 7 millas de distancia. Navegamos así a toda fuerza ele máquina, con una velocidad máxima de 10 millas, que era cuanto podíamos hacer, hasta las 12 M., en que perdimos de vista a la Union por nuestra cuadra de estribor, quedando el Chalaco entonces, por haber variado su rumbo, mui pegado a la costa en dirección a Pacocha. Desde este momento noté que la persecución del blindado era dedicada única i esclusivaménte a la Pilcomayo, a pesar de que el Chalaco, cuya primera maniobra lo habia acercado al enemigo, había llegado a estar mas inmediato a éste que a nosotros, notando ademas, por medio de repetidas observaciones con el micrómetro, que el blindado nos ganaba en el andar a razón de mas de una milla por hora, siendo la distancia que nos separaba en ese momento de 4 a 5 millas.

En esta situación, entre los dos recursos que me quedaban, o bien dirijirme a tierra, de la que distaba mas de 20 millas próximamente, con el objeto de embarrancar el buque, o tomar la vuelta de fuera, i aprovechando así la brisa, que aunque floja se dejaba sentir, tratar, si posible era, de ganar en velocidad al enemigo, opté por el segundo, pues a mas de ser grande la distancia que me separaba de la costa, abrigaba el fundado temor de que llevando al enemigo en la dirección en que el Chalaco ganaba la tierra, fueran dos los buques que perdiera la nación. Practicada esta maniobra, en consecuencia, i orientadas las cuchillas, varió su rumbo el blindado acercándose rápidamente a nosotros, pero alejándose del Chalaco.

A las 2 P.M. calmó la brisa, i teniendo la marejada de proa, nuestro andar apenas se mantenía en las 10 millas a pesar de hacer todo esfuerzo en la máquina para aumentar su velocidad, no distando ya mucho el momento en que iba a encontrarse la cañonera a tiro de la poderosa batería de su enemigo. Convencido, pues, de que la huida era imposible, reuní a la oficialidad en consejo, i unánimemente manifestó ésta que el único recurso adoptable, atendido a lo crítico de nuestra posición, era el de inutilizar la nave, sumerjiéndola o inutilizándola, batiéndose en retirada hasta conseguir practicar estas operaciones.

A las 3 P. M., variando la distancia entre 3,500 i 4,000 yardas, rompimos los fuegos con el coliso de 40 de la toldilla, i ordené que un oficial ,ce instalara en la sección de máquinas i procediera a hacer abrir i destrozar las válvulas i grifos, mientras que otro lo hacia con el de la Santa-Bárbara. Asimismo se hizo derramar en las cámaras i solladas todas las sustancias inflamables que poseíamos, i se les dio fuego. Los cañones de la sección de popa se abocaron sobre las escotillas de la cámara de oficiales disparándolos oblicuamente sobre los fondos, los que produjeron una perforación bajo la línea de agua i otra en la línea de flotación. Procedí en seguida a hacer votar los libros de señales, correspondencia oficial i particular i demás documentos del buque. Se destruyeron las bombas i rompieron las lumbreras del costado. Mientras se verificaba todo esto, continuábamos haciendo fuego con el coliso de popa, logrando disparar en todo hasta 19 tiros con granadas, muchas de las que, tocando el costado del enemigo, hacían esplosion sin producir ningún efecto. 
Estos tiros fueron contestados con tres de a 250 i algunos de menor calibre, ocasionando los de a 250 la rotura de la maniobra i pera del pico trinquete, i el corte de los amantillos de la botavara, a una altura de diez pies sobre la toldilla. Los otros tiros cayeron a nuestro costado sin tocarnos.

Conforme observé que el fuego de las cámaras se hallaba próximo a los pañoles en que estaban depositadas las bombas cargadas, saliendo las llamas por la escotilla de la segunda cámara, parada la máquina a causa de que el agua que entraba en gran cantidad habia inundado las hornillas, i habiéndome manifestado los injenieros la imposibilidad de que pudieran los enemigos salvar el buque, ordené arriar las embarcaciones menores i que se embarcara la dotación, quedándome a bordo con la oficialidad que no quiso abandonarlo.

El Blanco Encalada, que reconocimos ser el blindado enemigo por la insignia de contra-almirante que enarbolaba en el palo de mesana, se hallaba a tiro de rifle por nuestro costado de babor, i observando que los pabellones no se arriaban, rompió el fuego con las ametralladoras i rifleros de sus cofas por espacio de diez minutos.

La circunstancia de haber dejado a mi salida de Arica la ametralladora i armas menores que hacían gran falta i que debían ser repuestas en el Callao, me imposibilitó para adoptar una resistencia que hubiera sido siempre estéril.

A las 4.30 P.M., las embarcaciones del Blanco nos abordaban, conservando nosotros nuestros pabellones al pico i topes, que fueron arriados por el enemigo, los que inmediatamente se dirijieron a combatir el incendio e inundación, obligando a nuestro 1.° i 2.°  injenieros a que les enseñaran el lugar de las válvulas i las cerrasen provisionalmente. A esta hora las dos cámaras eran presa de las llamas i el agua alcanzaba a diez pies en la sentina, estando la Santa-Bárbara totalmente inundada. El fuego de proa, que no habia tomado tanto incremento, continuaba sin embargo.

El señor teniente Goñi, que comandaba la jente que nos abordó, se acercó al puente donde me encontraba con toda la oficialidad i me notificó que iba a hacer regresar a toda nuestra jente a bordo, i que si no tratábamos de hacer apagar el incendio, nos iríamos a pique o volaríamos todos, a lo que contesté que habíamos cumplido con nuestro deber i aceptábamos las consecuencias.

A las 5 P. M., próximamente, fui trasladado al Blanco junto con la oficialidad, habiendo sido ya trasbordada anteriormente de las embarcaciones menores toda nuestra tripulación.

En el encuentro con el Blanco no hemos tenido felizmente ningún muerto, habiendo resultado heridos lijeramente el marinero Pedro Alvarez, i el cabo 1. ° de la guarnición Rufino Chuquihuanca con un balazo en la cara i otro en la muñeca derecha.

Los esfuerzos hechos por la tripulación del Blanco para salvar a la Pilcomayo, han sido grandes, trabajándose constantemente dia i noche, atracándola al costado del blindado para aplicarle las poderosas bombas a vapor de éste, habiendo estado a punto de ser abandonada varias veces por la enorme cantidad de agua que hacía. Desgraciadamente, el buen estado del tiempo i del mar favoreció estos esfuerzos, lográndose remolcarla navegando tan solo a razón de una a dos millas por hora i aguantándose el blindado constantemente sobre su máquina, para evitar que se hundiera éste en los pequeños balanceos que daba.

El jueves 20, a las 10 A.M., fondeamos en este puerto de Pisagua i fuimos trasbordados inmediatamente, oficialidad i tripulación, a bordo de este trasporte de guerra donde permanecemos hasta hoi.

Antes de terminar, creo de mi deber hacer presente a V. S. que, tanto los jefes como los oficiales i maquinistas, han perdido completamente sus equipajes a consecuencia del incendio de las cámaras.

Cábeme la satisfacción de mencionar a V. S. que la dotación de la cañonera, durante todo el conflicto, cumplió con su deber, conservándose hasta el último momento inalterables el orden i la disciplina.

Dios guarde a V.S.
CARLOS FERREYROS.
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Saludos
Jonatan Saona

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