domingo, 2 de noviembre de 2014

Condell sobre Pisagua

Parte de Carlos Condell sobre Pisagua

Comandancia de la Cañonera “Magallanes”

Pisagua, Noviembre 3 de 1879.

Señor Jefe de división:
Paso dar cuenta a V.S. de lo ocurrido en el buque de mi mando, desde la salida de Antofagasta, hasta el 3 del presente.

El martes 28 de Octubre el buque de mi mando en convoy con el trasporte Lamar, dejó el puerto de Antofagasta a las 6 P. M. en demanda del de Mejillones de Chile, en el que largué el ancla a las 4 h. A. M. del 29. En este puerto se encontraban la corbeta O’Higgins y el trasporte Matías Cousiño, embarcando tropas, pertrechos y animales, operación que auxilié con todas las embarcaciones del buque hasta terminarla. Habiéndose reunido al convoy el trasporte Copiapó, fragata Elvira Álvarez y el vapor Toro, a las 11 P. M. zarpamos todos en demanda del resto de la escuadra.

El día 20 a las 12 M., el que suscribe recibió órdenes de adelantarse al convoy hacia al Norte hasta quince millas en demanda de la escuadra, pero no habiendo descubierto nada, me reuní nuevamente a él, y en conferencia con el jefe de división y comandante del trasporte Copiapó, se resolvió destacar al Sur el vapor Toro, mientras el convoy seguía también el mismo rumbo aunque con solo un andar de tres a cuatro millas recorriendo el meridiano de los 71 grados.

Antes de separarse el Toro de los buques, fueron trasbordados al de mi mando los cincuenta y tres pontoneros que aquel conducía.

Toda esa noche se navegó sin novedad alguna, y a las cinco de la mañana del 31 se avistaron hacia el Este los humos de la escuadra, sobre los que se hizo rumbo a toda fuerza, y a las 8 el buque de mi mando tomaba ya su colocación respectiva en el ala derecha. La escuadra era seguida por las corbetas inglesas Turquoise y Thetis y faltaban el Amazonas, Loa, Covadonga y Angamos; pero como a las seis de la tarde los tres últimos se reunieron a ella, y el Amazonas como a las ocho de la noche anunciando su ingreso con voladores de luces. Al día siguiente la escuadra detuvo su marcha hasta las cinco de la tarde que volvió a emprenderla en demanda de Pisagua, donde entramos a las 6 h. 30 m. A. M. del 2 del presente, en la debida formación y son de combate, habiendo ambos arriado el primero, segundo y tercer bote, convenientemente tripulados y pertrechados, para unirse a la escuadrilla de desembarco, comandada por el capitán de navío don Enrique M. Simpson.

Las embarcaciones de este buque iban a las órdenes del teniente 2º don Horacio Urmeneta, secundado por el guardiamarina don José María Villarreal y los aspirantes Ibañez y Escobar. A las 7 h. 5 m. A. M. rompí el fuego contra la batería del Morro Norte, sobre la que se hizo tres disparos; pero no habiendo sido contestados, fuera ya porque los disparos de la Covadonga y de este buque hicieran algún estrago o porque la gente abandonara el cañón, o porque no lo tuvieran montado, lo cierto es que no habiendo contestado nuestros fuegos resolví hacer todo el mal posible a las baterías del Sur y a las posiciones de las tropas enemigas, acercándome hasta 200 metros de la plaza, sosteniendo con las fuerzas enemigas parapetadas tras de las piedras un vivísimo fuego de fusilería durante una hora, sin olvidar, de cuando en cuando, disparar con los cañones algunas granadas hasta las nueve, hora en que se dio orden de cesar el fuego; pero a las 9:4.5 se disparó sobre la población por haberse izado señales de incendiar al enemigo, lo que se ejecutó haciendo algunos tiros. A las 11 h. habiéndome el buque jefe izado señales de “venir al habla”, salí fuera de la bahía y seguí sus aguas en demanda de la caleta Junín donde debía proteger el desembarco de la tropa. Llegado allí, se hicieron dos disparos y el enemigo fugó haciéndose así sin resistencia el desembarco, y siendo, por consecuencia, inútil mi permanencia en ese lugar, pedí órdenes y volví al campo del combate a prestar cuanta ayuda fuera posible al buen éxito de la acción.

Diré a V.S. que la tropa de pontoneros que a bordo tenía, habiendo sido debidamente distribuida, prestó sus buenos servicios, ya haciendo uso de sus armas, ya como sirvientes de los cañones y guardianes del estandarte.

A bordo del buque de mi mando, aunque varias balas de rifle dieron en distintas partes de él, no hubo desgracia personal alguna que lamentar; pero, desgraciadamente, no sucedió lo mismo en las embarcaciones que concurrieron al desembarco. El guardiamarina don José María Villarreal, que mandaba el tercer bote, fue herido en el brazo derecho y garganta levemente, y muy gravemente en el ojo derecho, según la opinión del cirujano del buque; y muertos el marinero 2º José Ramón Valenzuela y dos soldados del cuerpo de Zapadores.

En el segundo bote, mandado por el teniente Urmeneta, fue herido en la pierna derecha el marinero 2º Dionisio Morales, y muerto un soldado de Zapadores. La herida del marinero no es de gravedad.

Finalmente, en el primer bote, fue herido levemente en el hombro derecho y omóplato del mismo lado, el guardián 1º Tomas Harvis, y la embarcación arrojada a la playa sobre las piedras, por cuyo accidente dos marineros fueron aplastados por el bote, recibiendo contusiones leves.

Durante el combate se consumieron las municiones siguientes: 
12 granadas comunes de a 115 libras.
1 granada doble de a 115 libras.
18 granadas comunes de a 64 libras.
20 granadas comunes de a 20 libras.
31 espoletas de percusión.
20 espoletas de concusión.
1.680 tiros a bala Comblain.

Antes de concluir, cábeme la satisfacción de que la oficialidad, guarnición i tripulación del buque de mí mando ha correspondido, como siempre, a los deseos de la patria en el muy severo cumplimiento de su deber y la buena voluntad que caracteriza al chileno,

Es cuanto tengo que decir a V. S. en honor a la verdad.

Dios guarde a V. S.
CARLOS A. CONDELL.
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Saludos
Jonatan Saona

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