domingo, 1 de junio de 2014

Salvo niega una frase


J. de la Cruz Salvo niega frase de Bolognesi

El escritor Ricardo Palma escribió en 1885, un artículo sobre la respuesta de Bolognesi, el cual decía lo siguiente:

“-Permita usted, sr coronel -continuó Salvo-, que le observe que el honor militar  no impone sacrificio sin fruto; que la superioridad numérica de los nuestros es como de cuatro contra uno…
-Está bien, sr mayor -repuso Bolognesi-; pero estoy resuelto a quemar el último cartucho.
El parlamentario de Chile no pudo dominar su admiración por aquel soldado, encarnación del valor sereno, y que parecía fundido en el molde de los legendarios guerreros inmortalizados por el cantor de la Ilíada. Clavó en Bolognesi una mirada profunda, investigadora, como si dudase de que en esa alma de espartano temple cupiera resolución tan heroica. Bolognesi resistió con altivez la mirada del mayor Salvo, y éste, levantándose, dijo:
-Lo siento, señor coronel, mi misión ha terminado….."

Este artículo motivó otro en la prensa chilena, por la que el mayor Salvo negaba que Bolognesi dijera tal frase, calificándola de vulgar y fruto de la imaginación de Palma:

"Exposición del coronel chileno d. J.C. Salvo

El distinguido escritor peruano D. Ricardo Palma, tan ventajosamente conocido en el mundo literario por la exhuberancia de su imaginación, ha pintado con mágicos colores un incidente de la guerra del Pacífico en que me cupo alguna parte, y como autor me veo obligado á rectificar ciertos detalles en que parece confundirse la exactitud de los hechos con las galanuras de la fantasía, porque mi silencio contribuiría, á que los historiadores peruanos, que acaso en estos momentos se ocupan de redactar las páginas que han de trasmitir á las generaciones venideras la narración fiel de los sucesos de la guerra, extraviarán el criterio de su país al apreciar un incidente que reviste cierta importancia histórica. Estamos aún muy cerca de los hechos para que la poesía ó la novela puedan idealizarlos, como quisiera el patriotismo, sin herir la verdad del relato que puede oírse de viva voz á testigos presenciales. Miintento al hacer esta rectificación no es en manera alguna deprimir las glorias militares de nuestros enemigos de ayer, al contrario me complazco en reconocerlas y estimando cuanto vale el mérito de sus jefes más conspicuos como Grau, Bolognesi, Moore, Espinar y otros.

Hecha esta salvedad voy á mi propósito. 
El señor Palma ha escrito el episodio de la intimación de rendición que el ejército chileno hizo á la plaza de Arica, antes de tomarla al asalto el 7 de Junio de 1880 en El Comercio de Lima y lo ha reproducido La Epoca de Santiago en su número de 23 de los corrientes, donde lo he leído.

Hé aquí los hechos tal como pasaron:
Introducido el que esto escribe, con las formalidades de estilo, á la sala de despacho del comandante en jefe de la plaza de Arica, (antes de tomarla) Coronel Bolognesi, como parlamentario del Ejército chileno, fuí recibido por él, con la más esquisita cortesía en el umbral de una sala amueblada con una sencillez esencialmente militar, donde después de retirarse los señores jefes que me acompañaban, me invitó á tomar asiento en un sofá, sentándose al mismo tiempo á mi lado.
El señor General en jefe del ejército chileno, le dije, me envía á decir á Ud. que desea evitar en cuanto de él depende la efusión de sangre y espera que le sea entregada la plaza para no verse en la dura necesidad de asaltarla. Para el caso de que esta proposición sea aceptada, estoy facultado ampliamente para otorgar condiciones honrosas á las armas peruanas.

Después de meditar un instante aquel venerable anciano, de aspecto bondadoso, me dijo:
Ud. como militar, debe comprender los deberes que nos impone la defensa de una plaza sitiada; y yo, obligado por ellos, y apoyado en los elementos de defensa con que cuento, no puedo rendirla sin que medie algún combate que salve el honor de las armas.

Paréceme señor Coronel, añadí, que el honor militar no impone sacrificios inútiles; y tal sería la resistencia de Arica, cuyos· defensores son una fracción del ejército vencido ayer por nuestras armas en Tacna; que si fuera otro ejército, tal vez se hubiera creído en mi campamento que era escusada mi misión, y no tendría yo el honor de presentar á Ud. nus respetos. Por otra parte son conocidos en el ejército chileno los elementos defensivos con que cuenta la plaza.

El señor Bolognesi continuó discurriendo sobre variantes del mismo tema, ya enalteciendo la importancia de los elementos con que contaba, ó bien ponderando el gran contingente de sus fuertes convenientemente artillados, sus trincheras, la batería flotante del "Manco-Capac" etc. Y en cuanto concluyó me puse de pie, diciéndole:
Considero terminada mi misión, senor Coronel.

Parece que Ud. se molesta, contestóme con tranquilidad, parándose tambien de su asiento.
De ninguna manera, repliqué. Le he propuesto la rendición de la plaza y Ud. me dice que no le es posible entregarla sin que proceda algún combate para salvar el honor de las armas. Muy bien; será Ud. servido.

-Me ha dicho Ud. que estaba facultado para acordar las condiciones de la rendición. ¿ Podría Ud. dármelas á conocer?
-Creo inútil tratarlas. El debate de las condiciones á que debe someterse una plaza rendida supone la aceptación de la idea; y Ud. me ha dicho que no la acepta sin combate, luego no depende de lo oneroso de las condiciones la no aceptación. Si mal no he comprendido, mi misión sería más oportuna después de iniciado el ataque; pero ello no sería posible. Lanzadas nuestras tropas irán al fin.

Después de una breve pausa, el Coronel añadió:
Desearía tener una conferencia.con mis jefes subalternos, si pudiéramos disponer del espacio de tiempo que media entre esta hora (serían las ocho de la mañana) y las dos de la tarde, y en tal caso me encargaría de dar una contestación definitiva al General chileno, si es que la misión de Ud. no se repite.

Me es imposible, repliqué, deferir á su deseo, porque, atenta la situación de los beligerantes, la pérdida de momentos podría ser de grave trascendencia. El General solo espera mi vuelta para romper los fuegos sobre la plaza.

Entonces, continuó, permítame ver si es posible reunir los jefes que estén más inmediatos para que ellos oigan á Ud. y Ud. á ellos, á fin de ver modo de armonizar estos propósitos.

Aun cuando me parece escusada la entrevista con los demás jefes, añadí: la acepto por complacer á Ud. Puedo disponer de media hora más.

Se dirigió á la puerta y después de dar algunas órdenes, volvió á sentarse á mi lado en el mismo sofá que ambos ocupábamos. Luego, aprovechando los pocos minutos que precedieron á la llegada de los jefes, me habló sobre lo penoso de la campaña, sobre lo poco que apreciaban los hombres ajenos á nuestra profesión la magnitud de los sacrificios del soldado, no sin haber hecho algunos elogios benévolos á la artillería chilena, á cuya habilidad, según él, se debía mucha parte en el éxito de algunas jornadas. Se expresaba con facilidad y con un acento tan simpático como reposado.

Fué interrumpido el Coronel por los jefes que fueron-entrando uno á uno, y él, presentándomelos por sus nombres y rango militar.

En seguida reseñó nuestra conferencia, dando alguna amplitud á las observaciones que me había hecho é insistiendo en su negativa, aunque en términos más acentuados que los que había empleado conmigo.

Pedíle que me permitiera aducir algunas palabras referentes á explicar el fin humanitario que el ejército chileno se proponía con aquella misión, porque la situación tan ventajosa en que lo colocaban sus victorias, sobre todo la reciente de Tacna, le daban una superioridad moral y material de qne no queria abusar. Agregué que siendo conocido por el general en jefe de nuestro ejército el contingente que defendía la plaza, no quería que el surco de sangre que ya separaba á las dos naciones fuese tan ancho que no les permitiera darse la mano cuando cesara el fragor de las batallas. Que estos propósitos eran los únicos que habían determinado al general á la misión que yo desempeñaba, y que no habiendo habido jactancia al concebirlos no habría desdoro en aceptarlos.

El Coronel pidió entonces á los señores presentes que manifestasen su opinión sobre si había interpretado su voluntad al contestar negativamente á la intimación que se le hacía. El señor Moore fué el primero en afirmar que así era lo acordado y lo mismo fueron diciendo uno á uno los demás, en iguales ó parecidos términos. Recuerdo que un Comandante Latorre, abogado, según supe después, al emitir su opinión dedujo un artículo previo concebido así: "El señor parlamentario sabe que nosotros dependemos del Gobierno que reside en Lima, por consiguiente, allá debe dirijirse su proposición; á nosotros solo nos toca obedecer lo que se resuelva en la capital."

En esta alegación de bajo foro, que no contesté, se me presentó el abogado bajo la presión del militar. El día del asalto se confirmó mi juicio, cuando llamado por este mismo señor y otros de sus compañeros, acudí al Morro para salvarlos de una situación que ellos creían extrema, y sobre todo cuando le exigí al mismo que recorriéramos el muelle para que me indicara el punto en que ardía la mecha de un torpedo de dinamita destinado á hacerlo volar.

Con esto se dió por terminada, la conferencia. Me retiré después de saludar á todos y fuí acompañado hasta la puerta por el Coronel Bolognesi, donde nos despedimos con toda cortesía.

Luego vendándome la vista los mismos señores que me habían introducido, partimos en busca de mi escolta que había quedado en las afueras del pueblo. 

He aquí los sucesos tal como constan de mi diario de campaña y de mis recuerdos, que los entrego á la consideración de los que se interesen por conocer los detalles de incidente sin comentario alguno.

El señor Palma verá que el distinguido y valeroso defensor de Arica, Bolognesi, no empleó al menos en mi presencia la frase retumbante y vulgar "quemaré el último cartucho", ni menos cometió la descortesía de volverme la espalda con brusquedad, ni tampoco yo la majadera insistencia de que se reconsiderara la negativa.

Si el escritor limeño al dar un tinte espartano á la conducta de Bolognesi para idealizar su figura en la historia de su patria, lo hubiese hecho en los límites exactos de lo sucedido, nada habría tenido que observar; pero tal como se presenta en el artículo á que me refiero se confunde un poco la realidad con la fantasía.

J. C. SALVO.
Santiago, Agosto 25 de 1885"
************************
Imagen, Casa de la Respuesta en Arica, donde ocurrió el dialogo entre Francisco Bolognesi y José de la Cruz Salvo.

Saludos
Jonatan Saona

3 comentarios :

Raúl Olmedo D. dijo...

Ocurrió que J. de la C. Salvo dio cuenta de inmediato a su superioridad, ese mismo día a su regreso al campamento chileno, del resultado de su comisión y sus detalles. Lo hizo directamente al general M. Baquedano, quien lo recibió acompañado de P. Lagos y otros coroneles, más su secretario, don Máximo Lira.
Y Lira informa de inmediato a Lynch en Iquique (el día 6, trascrito en telegrama del día 08.06.80) que la respuesta del coronel Bolognesi había sido negativa, y que este había señalado a Salvo que "combatirían hasta el último cartucho". (Ver : "Telegramas chilenos" en este mismo blog.)

Lira no pudo inventar esa frase, que no es propia del lenguaje militar chileno. La tomó del informe de Salvo, entonces. Y el que la trascribiera el día 06.06.80 prueba que se trata de noticia fresca de ese día.
Salvo, pues, es el equivocado.
Lo que no obsta a que su informe trace un retrato muy ponderado del coronel Bolognesi, enfatizando en su calma y autocontrol. Es obvio que los oficiales de ambos bandos se trataron ese día con exquisita cortesía.

R. Olmedo

Anónimo dijo...

una mezquindad por parte de Salvo que trajo abajo todo el respeto que un momento pudo inspirar a sus enemigos por sus generosas palabras para con Francisco Bolognesi y Ladislao Espinar, que lo motivo a hacerlo? probablemente pensó que con sus testimonio había "creado" un símbolo muy valioso para las futuras generaciones de peruanos que no era conveniente afianzar, como sea, quedó en ridículo y la historia misma, no las tradiciones de Palma, se encargó de demostrarlo.

Anónimo dijo...

Salvo se refiere en términos muy respetuoso de Bolognesi, y sintetiza la respuesta de el de no rendir la plaza (Salvo nunca dijo lo contrario). Solo indica que Bolognesi, no usó específicamente esa frase por considerarla vulgar y artificiosa y no adecuada al lenguaje militar (muy literaria o rinbombante) . Salvo Indica que Bolognesi argumentó su negativa que darían combate y se apoyo en sus jefes para representarla. Si en el lado chileno alguien utilizó esa frase es para resumir la respuesta (la negativa) que peliarían hasta el final. Simple, Salvo no le quita merito a Bolognesi ni a sus jefes , al contrario, refuerza el hecho que al contra argumentar sobre el numero de las fuerzas Chilenas ellos indican que no se rendirá la plaza y rendirán combate. Salvo no hace mas que una aclaración a un escritor que dicha "frase" no fue la que se usó ese día.

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