lunes, 12 de noviembre de 2012

Emilio Luna


Emilio Luna
Nace en Cusco el 8 de mayo de 1852.

Estudió para abogado en la universidad de San Marcos. Encontrándose enfermo en Jauja, fue reclutado por Cáceres, formando junto a él el batallón Jauja, que al mes estaba integrado por 100 hombres, siendo su primer jefe, con el cual participó en toda la campaña de la sierra hasta Huamachuco.

En el consejo de Tres Ríos fue el primero en pronunciarse en dar la batalla decisiva contra las tropas chilenas en la llanura de Purrubamba, donde dio su vida victima de su arrojo y patriotismo al caer prisionero del enemigo y luego fusilado por éste en el mismo campo de batalla, en julio de 1883.

Antes de ser fusilado solo pidió un papel y un lápiz para escribir a su esposa una brevísima carta que decía:


  "Mi amada Anita:
    dentro de breves instantes moriré fusilado por orden del Coronel Gorostiaga. Cuida mucho a nuestro hijo. Adiós
Miguel Emilio"
Rechazó ser vendado y al oír la voz de fuego dejo salir de su pecho un emotivo VIVA EL PERÚ.

Sobre su fusilamiento tenemos dos relatos (uno chileno y otro peruano)

Relato del chileno Alejandro Benimelis

Los dos jefes tomados en el campo de batalla, Luna y Osma Cáceres, fueron fusilados en el mismo sitio después de un pequeño interrogatorio.
Nos encontrábamos reunidos el coronel y muchos jefes y oficiales en las mismas posiciones enemigas, que estaban sembradas de cadáveres, cuando llegaron varios prisioneros que se habían tomado.

El coronel me ordena: Capitán Binimelis, tómele el nombre a esos prisioneros y me da cuenta. Me dirijo a ellos y principio a tomarles sus nombres, grados, batallón que mandaban etc.

El mayor Osma Cáceres, lleno de miedo me informa que mandaba una de las baterías; que si lo había hecho era por fuerza, etc.; se mostró cobarde, a pesar de ser joven, de familia de militares y de su aire marcial y de soldado.

Al dirigirme a Luna para interrogarlo, me dijo: Soy Miguel Emilio Luna, Coronel-comandante del batallón Jauja N°2, ahora prisionero de Uds. Y a su disposición.
Luego, mirándome fijamente agregó: Yo le conozco a Ud., capitán Binimelis; no se acuerda de mí?

-No señor, no me acuerdo

-Acuérdese cuando ustedes, los oficiales del regimiento Concepción, recién entraron a Lima se arrancharon en el restaurant Ecuador, donde comíamos también muchos de nosotros e hicimos amistad con usted, el mayor Saldes y con el capitán Ferro. No recuerda ud.?

-Ahora, si señor, que recuerdo eso perfectamente, y siento encontrarme en estas circunstancias con usted.
-Le pido, capitán Binimelis, haga algo por su amigo ante el señor coronel.

-Haré cuanto pueda por mi parte, le contesté, dirigiéndome donde el coronel Gorostiaga, a quien le di cuenta de mi cometido y el nombre de los prisioneros.

El coronel me ordenó los trajera a su presencia; los interrogó sobre varios puntos y luego les dijo que iban a ser fusilados.
Oír esto el capitán Osma Cáceres y principiar a implorar perdón, arrodillarse y abrazarse a las piernas de Gorostiaga, pidiéndole no lo matara, haciéndole presente que lo habían engañado al tomar armas contra Chile, fue todo uno.

En cambio, el coronel Luna, no imploro perdón; sólo habló para protestar que no eran montoneros y de que debían fusilarlos con todos los honores de guerra.

A una señal del coronel, se desprenden dos soldados del Cazadores montados y reciben orden de matarlos; avanzan donde se encuentran, los toman por la espalda y los sacan hacia un zanjón que estaba cerca, les dan un caballazo y al caer de bruces les disparan sus carabinas, matándolos después de varios tiros.

Así murieron estos desgraciados que en varios combates habían expuesto sus vidas por la patria.
Luna sucumbió como un valiente, Osma Cáceres como un cobarde.

Por mucho tiempo me acompaño la impresión que me dejó en el alma la muerte tan ignominiosa de este amigo y valiente peruano.

Relato de Abelardo Gamarra
En el heroico, sangriento e infortunado combate de Huamachuco, estuvo a la altura de su deber militar: no abandonó un segundo la derecha de su batallón, al que condujo con el mayor denuedo y bizarría, hasta los lugares más avanzados de la refriega. Falto de municiones, las solicitó del coronel Toledo, jefe del Piragua, quien no pudo proporcionárselas, sino en muy pequeña cantidad; con ella rompió nuevamente los fuegos contra el enemigo, y los sostuvo hasta el último instante. 
Consumada la derrota, y herido como se encontraba, fue imposible su salvación, cayó prisionero. Conducido a presencia del coronel Gorostiaga e interrogado por su nombre, con la altivez digna de su entusiasmo patriótico, y sin que lo arredrara la suerte que iba a correr, dijo: “soy el coronel peruano Miguel Emilio Luna”.

Yo no lo reconozco a usted como coronel, sino como montonero, le contesta Gorostiaga.
 “Se equivoca usted, replica Luna, soy tan coronel como usted, y en el campo de batalla creo que hemos probado que somos soldados de un ejército regular”. 

Se da orden para que se le fusile y para cumplir esta orden se intenta vendarlo; pero él no lo consiente, manifestando que un coronel peruano no se arredra ante la muerte, y murió vivando a su patria.
 Tal fue el modo cómo sucumbió Miguel Emilio Luna, según versión de nuestros propios enemigos.

******************
Saludos
Jonatan Saona

6 comentarios :

Anónimo dijo...

juan emilio luna un peruano que no merece ser olvidado

Raúl Olmedo D. dijo...

El relato de Binimelis es el que se conoce y se acepta en Chile como fiel a los sucesos.
Terminada la batalla de Huamachuco, Gorostiaga disponía de apenas unos 25.000 tiros de fusil, habiendo iniciado la refriega con más de 400.000
El jefe chileno no sabía si tendría aún que abrirse paso combatiendo hasta la costa, algo improbable pero ominosamente posible si las fuerzas peruanas en fuga se reorganizaban. Lo que, por cierto, Cáceres intentó casi de inmediato, aunque sin éxito.
Por ello se dispuso el ajusticiamiento de la tropa (heridos y prisioneros) mediante arma blanca. Y el de los oficiales, con disparos de carabina (con munición del calibre 0.45 de pulgada, no aplicable a los fusiles que utilizaban la de 11 mm.) Solo uno o dos disparos aplicados en la espina dorsal.
Ver el relato del 2° cirujano Rencoret, presente en la batalla.

R. Olmedo

Raúl Olmedo D. dijo...

Corrección. Tiros de carabina Spencer calibre 0,44 de pulgada.

R. Olmedo

Killinchu yau dijo...

señor olmedo, donde figura el relato de rencoret? gracias

Raúl Olmedo D. dijo...

Voy a tratar de ubicar ese relato entre mis papeles, embalados hace meses por cambio de domicilio. Ello, para evitarme una visita a la Biblioteca Nacional. Avisaré por esta vía cuando lo encuentre.

ws2falcon dijo...

Fusilar y bayonetear oficiales y soldados prisioneros. Eso fue una guerra de exterminio. En verdad, Chile no reconoció al Ejécito del Centro liderado por el General Cáceres como tal. Esos oficiales y personal de tropa
sabían lo que podían esperar del ejército de Chile si eran capturados. Merecen nuestro respeto y admiración.

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