lunes, 5 de noviembre de 2012

Carta de Barahona


Carta del capitán Barahona

Campamento de San Francisco de Pisagua, Noviembre 9 de 1879.

Estoy bueno y no he tenido novedad alguna.
Cuando pueda leer ésta, ya, tendrá conocimiento del combate que hemos librado en Germania, seis leguas más al interior de este campamento y a diez y seis del puerto de Pisagua; de modo que nada le diré de nuevo. Nosotros pasamos en tantos movimientos que no podemos materialmente dedicarnos a escribir un renglón. Esta noche hemos alojado en esta salitrera, y logro el único lugar de que puedo disponer para tener el gusto de escribirle.

Nada lo digo sobre el bombardeo de Pisagua, ni del asombroso desembarco y toma de la ciudad, porque aquello no es para mi pluma. Es imposible que hayan soldados más bravos que los chilenos.


Desde Pisagua hay un ferrocarril hasta Agua Santa, punto que está a más de 16 leguas del primero. En esta línea hay muchas oficinas o grandes máquinas para beneficiar salitre, que contienen varios pozos de agua dulce, que es la vida en estos lugares.

Al segundo día del desembarco, me tocó por suerte mandar un escuadrón que debía explorar esta línea y reconocer sus alrededores, con encargo de tomar el material rodante, aguadas, etc.

En el primer día llegamos hasta la mitad del camino, habiendo tomado una locomotiva y cuatro estanques llenos de rica agua, una bomba para sacar agua del pozo más abundante que he visto, y muchos datos interesantes para la marcha del ejército.

Tuvimos noticia de que el enemigo se había retirado al interior, abandonando la estación de Agua Santa, y que estaban llevándose de ese punto un depósito de víveres y forraje.
Con el fin de tomarles estos pertrechos y a más otra locomotiva que existía allí, salimos el jueves 6, y después de tomar varias aguadas llegamos a las 4 P. M. al término de la línea.

A esa hora nuestra avanzada avistó enemigos y nos preparamos al combate. Nosotros al principio tuvimos la idea de que nos habíamos encontrado con toda la fuerza que se decía había allí y nos quedamos observando sus posiciones. Ellos formaron una larga guerrilla, resguardada su espalda por unos cerrillos, y lo que estuvimos a tiro nos hicieron un nutrido fuego, Hicimos una contramarcha, para que salieran de sus parapetos y ver cuántos eran.

El enemigo tomó este movimiento por una retirada y se nos vino encima, siempre haciendo fuego. En este momento dimos frente a retaguardia y mandé a la carga.

Lo que pasó después es cuestión muy larga, por los mil detalles de que se compone. Básteme decirle que el enemigo, que era un escuadrón montado, como nosotros, y compuesto de los Húsares de Junín y de los Húsares de Bolivia, fue desorganizado en el primer encuentro y desde allí perseguido y batido hasta dos leguas al interior. Quedaron en el campo cuatro oficiales y el jefe y como 80 individuos de tropa. Les tomamos un lujoso y bien bordado estandarte, muchas carabinas, municiones, sables, monturas y caballo, y a más un teniente coronel, un teniente y seis soldados.

Nosotros perdimos a un sargento Tapia y dos soldados, y tuvimos seis heridos, los que por fortuna no están graves por ahora, También nos hirieron un oficial Lara, aunque levemente, tal que ya monta a caballo.

Se ha peleado firme y se ha sableado de un modo espantoso, terrible. Raimundo Guzmán, mi asistente, se le fue al cuello a un cholo; pero éste le salió guapo, y lo tuvo tan apurado que, según él, tuvo que “correrle moquete antes de poderlo matar”. Era curioso ver a Guzmán cómo se revolcaba por el suelo con el cholo, el que a veces lo ponía debajo. En fin, antes de que lo pudiéramos proteger, ya el lo pasó de una estocada.

Escenas como éstas ha habido muchas, pues todos han peleado cuerpo a cuerpo.

Yo alcancé a librarle la vida a un boliviano, pensando en usted y en mis hijitos, este infeliz les debe la vida a ustedes exclusivamente.

Parece que con la toma de esta línea y sus aguadas, la campaña se hará por este lado, para batir al enemigo en sus mismas posiciones de la Noria e Iquique.

Con más de dieciséis leguas de ferrocarril, telégrafo y agua para todo el ejército, hemos ganado mucho, y nuestra victoria se facilita.

MANUEL RAMÓN BARAHONA.
*******************
Imagen, grabado de los hermanos Barahona, de izquierda a derecha Telésforo Barahona, teniente abanderado del 2 de línea, muerto en Tarapacá; al centro Manuel Barahona, Capitán del Cazadores a Caballo, y a la derecha Ulises Barahona Teniente del Granaderos a Caballo, muerto el 11 de julio en Tacna. En la imagen falta Filomeno Barahona que portara el estandarte del 2 de línea en la campaña de Lima.

Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

"Yo alcancé a librarle la vida a un boliviano, pensando en usted y en mis hijitos, este infeliz les debe la vida a ustedes exclusivamente." que gracioso el capitán

ws2falcon dijo...

Por los partes chilenos y comentarios peruanos, la caballería peruana se dejó emboscar al perseguir al primer destacamento chileno. Así es la guerra. La ineptitud del liderazgo peruano de ese momento es legendaria. En mi opinión la pregunta que queda al aire es por qué no se destruyeron todos los estanques de agua y recursos ferroviarios? La mentalidad militar Peruana es tan limitada? Y esto lo pregunto con el mayor respeto a nuestras instituciones militares. Se les dió todas las facilidades para el triunfo.

Publicar un comentario

GDP1879 te invita a visitar↓↓↓


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...