viernes, 20 de julio de 2012

Parte de Merino

Parte de Juan F. Merino sobre la batalla de Huamachuco

ESTADO MAYOR DE LA DIVISIÓN DEL NORTE

Huamachuco, 11 de julio de 1883.
Señor Coronel Comandante en Jefe:

Paso a dar cuenta a V. S. de la batalla librada ayer con las fuerzas enemigas unidas del General Cáceres, Recabarren, Elías y otros caudillos.

El día 8 del corriente, después de haber andado con V. S. y otros jefes haciendo reconocimientos por las colinas que rodean a esta ciudad, sepercibieron algunos espías del enemigo en las alturas sur del pueblo, e inmediatamente dispuso V. S. que la división tomara las posiciones del norte o sea del cerro Sazón. El enemigo, comprendiendo nuestro movimiento, adelantó una pieza de artillería y dio principio a cañonear nuestros cuerpos que tomaban las alturas ya dichas.

Colocados en nuestra posición, se mantuvo un cañoneo por ambas partes por espacio de tres horas, hasta que llegada la noche fueron suspendidos los fuegos para principiarlos a las 6 de la mañana del siguiente día, cuyo cañoneo se sostuvo todo el día acompañado de tiros de rifles, que por momentos se hacía vivísimo.

Así pasó todo el 9, no dando el enemigo señales de querer atacarnos, sino moviendo sus tropas en distintas direcciones, pero convergiéndolas todas a su primitivo campamento.

Al amanecer de la mañana de ayer y para conocer el número del enemigo, de acuerdo con V. S., se mandó un reconocimiento de dos compañías de Zapadores al mando de su jefe accidental el valiente capitán ayudante don Ricardo Canales y de los no menos valientes capitanes Maldonado y Moreira del mismo cuerpo. Este reconocimiento hizo salir al enemigo de sus posiciones, mandando por distintas partes batallones a atacar y cortar a nuestras compañías.

Viendo esto V. S., mandó en su protección y con orden de retirarse si el enemigo mandaba más fuerzas, una compañía del Concepción, al mando del intrépido capitán ayudante don Luis Dell'Orto, la que luego tuvo que empeñar combate con el enemigo, que descubrió todas sus fuerzas.

Este movimiento hizo comprender que la batalla se empeñaba y era decisiva y entonces se principió a mandar en protección de las primeras, compañía por compañía, del Talca y del Concepción, mandadas por sus expertos y bravos capitanes, mientras que la artillería hacía contínuos y certeros disparos y cambiaba a otro punto algunas de sus piezas.

El enemigo, con un arrojo a toda prueba, trataba de apoderarse del morro Conchugo, donde hubo que concentrar casi todas nuestras fuerzas para proteger la artillería y caballería que teníamos allí, habiendo ésta dado ya una pequeña carga en circunstancias que un cañón enemigo era desmontado por un tiro de los nuestros.

Como las municiones ya nos iban escaseando y el combate duraba cuatro horas justas, ordenó V. S. atacar a la bayoneta y que la caballería diera también su carga al mando del bizarro sargento mayor don Sofanor Parra; este movimiento, llevado con suma rapidez, declaró la derrota del enemigo por distintos puntos, siendo perseguido por nuestras fuerzas sin descanso alguno hasta las 3 P.M.

Como V. S. lo sabe bien, los fuegos se rompieron a las 8 A. M. y a las 12.30 eramos dueños del campo, de casi toda la artillería enemiga, gran número de armamento, todo el parque, dos estandartes y algunas banderolas, cuyos detalles los encontrará V. S. en la relación adjunta.

Esta batalla, que ha dado nuevas glorias a nuestra patria, ha sido coronada del más completo éxito por las acertadas y bien combinadas disposiciones de V. S. que, secundadas por la bravura de nuestras tropas, dieron en tierra con un ejército de 3.800 hombres bien armados y resueltos.

El comportamiento de los señores jefes y oficiales de la división durante la batalla no puede haber sido más satisfactorio, pues con su serenidad y valor alentaban a su tropa y marchaban a la cabeza al encuentro del enemigo, por lo que me permito recomendarlos a la consideración de V. S.

También me hago un deber de recomendar a V. S. los importantes servicios prestados en el mismo campo de batalla por los cirujanos primeros don Clodomiro González y don Carlos Vargas Clark, y del segundo don Manuel Rencoret y demás personal de la Ambulancia que nos acompaña.

El Parque ha sido servido con todo el celo y puntualidad que las necesidades del combate exigían, siendo sus jefes el teniente del batallón Victoria don J. Abel García, y telegrafista don Wenceslao Rivera Girón.

Nuestras bajas, según los partes de los señores jefes de cuerpo y que acompañó a V. S., ascienden a 160 entre muertos, heridos y contusos, siendo de los primeros 56, 83 de los segundos y 25 de los últimos, contándose entre los heridos 4 oficiales y 2 contusos.

El enemigo dejó en el campo de batalla más de 500 muertos entre jefes, oficiales y tropa, y por los reconocimientos que se han hecho hasta hoy hasta dos leguas del campo, se puede asegurar que los muertos pasan de 800, y por datos positivos, el General Cáceres fugó herido.

Antes de concluir y felicitar a V. S. por el éxito obtenido, réstame sólo darle mis más profundos agradecimientos por el puesto altamente honorífico que se sirvió confiarme al empezar esta campaña, y recomendarle por su bizarro comportamiento a mis ayudantes, capitán de ejército don Santiago Herrera Gandarillas, teniente de Zapadores don Martín Urbina y al subinspector de telégrafos don Demetrio Tobar, que hacía de ayudante durante el combate, y que con todo arrojo comunicaba las órdenes que el que suscribe impartía a los cuerpos.

J . F. MERINO

Al señor Comandante en Jefe de la División del Norte.
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Saludos
Jonatan Saona

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