jueves, 19 de julio de 2012

Parte de Gorostiaga

COMANDANCIA EN JEFE DE LA DIVISION DE OPERACIONES EN EL NORTE DEL PERÚ

Huamachuco, julio 12 de 1883.

Señor General en Jefe del Ejército:

En cumplimiento de las instrucciones que V. S. se sirvió impartirme para que con las fuerzas de mi mando marchase al sur y batiese las montoneras del coronel Recabarren, avancé de Huamachuco al sur hasta Corongo con 900 hombres disponibles de las tres armas y cuatro piezas de artillería, dispuesto a pasar por Huaylas y Yungay hasta encontrar al enemigo.


Habiendo tenido en Corongo noticias positivas sobre que Recabarren había abandonado sus posiciones de Huaylas para unirse a las fuerzas del General Cáceres, que había ocupado a Yungay, y no pudiendo pasar al sur por Huaylas, por haber el enemigo cortado los puentes del río Santa y destruido los caminos, creí de mi deber internarme a Sihuas y detener en ese punto el avance del enemigo, que según noticias fidedignas tomaba rumbo al norte por la ruta de Pomabamba y la mencionada población.

Con tal propósito marché sobre Sihuas el 25 del pasado; pero habiendo, durante la primera jornada a Urcón, interceptado comunicaciones enemigas por las cuales debía razonablemente calcular que el enemigo, fuerte de más de 4.000 hombres, podía haber ocupado en esa fecha la referida hacienda de Urcón y esperarnos en posiciones ventajosas, contramarché a Corongo con el propósito de evitar que él se pasase al norte y se interpusiese entre mis fuerzas y las que debían venir de la costa a reforzar la división. Al propio tiempo tenía el propósito de ocupar antes que el enemigo la posición de Mollepata que consideraba de importancia estratégica para el doble objeto que V. S. había tenido a bien encomendarme, de batir al enemigo e impedir su acceso a las provincias del norte.

Al entrar a Pallasca encontré al pueblo en actitud hostil a consecuencia de instrucciones enviadas por Cáceres para que a toda costa se nos hostilizase mientras sus fuerzas nos daban alcance. Con este motivo se trabó un ligero combate entre la vanguardia y los revoltosos, que concluyó por la dispersión y muerte de gran número de éstos.

Tomada posesión de Mollepata, permanecí en el pueblo el tiempo que me lo permitieron sus escasos recursos, y habiendo descubierto que el enemigo podía flanquearnos por las alturas de Pampas sin que pudiésemos evitarlo a menos de fraccionar nuestras fuerzas, me trasladé a Tulpo, distante dos leguas, un día antes de aquel en que las fuerzas enemigas tomaron posesión de Pampas. No pudiendo permanecer en Tulpo, tomé la resolución de trasladarme definitivamennte a Huamachuco y establecer allí el centro de resistencia y de reunión de las fuerzas que, según noticias, sabía debían llegar pronto a la costa. Todos esos movimientos los ejecutaba con el doble objeto que V. S. había tenido a bien encomendarme y porque sabía positivamente que Cáceres seguía contra mis fuerzas, resuelto a batirse.

El día 6 del presente llegó a esta ciudad el comandante don Herminio González con 581 hombres de las tres armas que venían a reforzar la división.

Con este refuerzo y 180 hombres que a las órdenes del sargento mayor don Sofanor Parra se habían agregado en Angasmarca, quedó la división en un regular pie de defensa, pues descontados los enfermos, podía contarse con 1.500 hombres de las tres armas y municiones en suficiente cantidad.

Acordé, en consecuencia, esperar al enemigo, por numerosas que fueran sus huestes. Por datos exactos se sabía que no podía estar a más de dos días de camino, pues a nuestra salida de Mollepata había llegado en dos divisiones, por Pampas y por Pallasca, para envolvernos por el sur y por el norte.

En efecto, el día 8 desde la mañana se notaron algunos espías enemigos por las elevadas alturas de Huaylillas, al sur de la ciudad, y practicados los reconocimientos del caso por el que suscribe, en unión de algunos jefes y ayudantes, pude comprender que el enemigo tendía a ocupar las alturas de Cuyulga situadas al sureste de la población, desde donde podía dominarnos con sus cañones, a cubierto de todo ataque por la importancia de esas posiciones.

En el acto di las órdenes convenientes para que toda la división se pusiese en pie de marcha para tomar posiciones en el cerro Sazón, situado al norte de la ciudad y cuya posición era por demás ventajosa para la defensa.

A las 2 P. M. y cuando la división ejecutaba el movimiento antedicho, el enemigo disparó algunos tiros de cañón sobre la plaza sin causarnos daño alguno, al mismo tiempo que lanzaba por diversos puntos numerosas fuerzas destinadas a asaltar la población, envolviéndonos por todas partes.

Bien pronto tomaron posesión de la plaza, puesto que la habíamos abandonado, pero quedaron bajo nuestras baterías, que pronto colocadas en el cerro Sazón, contestaron los fuegos enemigos y contuvieron a los asaltantes, que se vieron obligados a replegarse a sus trincheras de Cuyulga.

Durante la noche el enemigo intentó un movimiento envolvente por nuestros flancos; pero sea temor al asalto en nuestras posiciones o mala dirección, el hecho es que al amanecer tuvo que replegar sus fuerzas bajo los fuegos de nuestros cañones, que les hicieron certeros disparos.

En el día se ocupó el enemigo de hacer lujosos despliegues con sus fuerzas y en simular combates por su retaguardia para hacernos creer que las fuerzas del señor coronel Arriagada estaban a la vista y tentarnos de este modo a abandonar nuestras posiciones para empeñar un combate en las que ocupaba.

Convencido por nuestra inmovilidad de que tan vulgar estratagema no podía surtir el efectoque se habían prometido, emplearon el resto del día en saquear la población y en provocarnos desde ella, ocultos tras las tapias, con nutridos fuegos de fusilería que a tiempo contestaba nuestra derecha.

En la noche del 9, calculando que las fuerzas de Puga, que habían sido llamadas, podían llegar al día siguiente y engrosar las filas enemigas, y no habiendo, por otra parte, podido formarnos una idea exacta del número de sus fuerzas por haber permanecido ocultas en su mayor parte tras las quebradas, resolví emprender en la mañana un reconocimiento sobre la derecha enemiga, llevando por ese lado un simulacro de ataque en forma a fin de hacerlas salir de sus trincheras.

Con tal propósito, pasadas las 6 A. M., se destacó en guerrilla una compañía de Zapadores al mando del capitán don Amador Moreira, con orden de amagar la derecha enemiga, remontando hasta una altura conveniente las elevadas posiciones que ocupaba.

Un momento después se mandó en su protección la otra compañía de que constaba el referido batallón, al mando del capitán don Juan Antonio Maldonado, debiendo estas fuerzas obrar a las órdenes del capitán ayudante del mismo don Ricardo Canales.

El enemigo mientras tanto, parecía no haberse preocupado de nuestros movimientos; de modo que las compañías guerrilleras recorrieron una gran distancia.

Poco antes de las 8 descendieron de la altura por dos distintos puntos varios batallones enemigos y rompieron un nutrido fuego sobre Zapadores, tratando de envolverlo. Los nuestros continuaron, no obstante, avanzando con denuedo por largo espacio, y de las alturas continuaban descolgándose fuerzas numerosas que indudablemente habrían rodeado por completo a nuestras diminutas guerrillas, si la orden que se les envió de replegarse no las hubiesen obligado a batirse en retirada.

Simultáneamente con el ataque de la altura, el enemigo destacó fuerzas desde la ciudad, que avanzaron por la pampa en actitud de cortar las guerrillas de Zapadores. Esas fuerzas fueron detenidas en su marcha por el capitán ayudante don Luis Dell'Orto con una compañía del batallón Concepción.

Mientras tanto el enemigo continuaba avanzando y formando en batalla todas sus fuerzas; de modo que por cada batallón que entraba en batalla, iba yo haciendo correr a nuestra izquierda nuevas compañías del Concepción y del Talca en protección de las primeras.

Ya podía calcularse que la batalla estaba empeñada de hecho por parte del enemigo, el que bien pronto formó una extensa y regular línea que sobrepasaba por mucho a la nuestra en ambos extremos.

La artillería enemiga, que hasta entónces había permanecido en la altura, descendió casi hasta la pampa de Purrupamba, y con un fuego vivísimo protegía el avance de sus filas.

Por fin, quedó empeñada la batalla en toda nuestra línea desde el cerro Sazón hasta el Conochugo, en que apoyamos nuestra ala izquierda.

El enemigo avanzó con prontitud y evidentemente trató a toda costa de envolver nuestra izquierda, al propio tiempo que las fuerzas que ocupaban la ciudad trataban de flanquear nuestra derecha, que defendía el capitán ayudante don Julio Z. Meza con la segunda compañía del Talca.

Una carga de caballería que había intentado poco antes, no pudo llevarse a efecto sino en partes, porque el enemigo se protegió con las sinuosidades del terreno; pero contuvo en algo su avance.

Colocada nuestra artillería en toda el ala izquierda, que era el objetivo principal del enemigo, no cesó de hacer un nutrido y certero fuego sobre sus filas, logrando desmontar uno de sus cañones.

Eran las 12 meridiano: la batalla estaba aún indecisa, y el enemigo, lejos de ceder, avanzaba hasta ponerse al habla con los nuestros. Indudablemente comprendía que era tres veces más fuerte por el número, y la retirada de las compañías guerrilleras, al principio de la acción, había envalentonado sus huestes.

En tales momentos dispuse una carga general de caballería y bayoneta, la que se llevó a cabo con tanto empuje y bizarría por nuestras valientes tropas, que desde el primer instante se notó vacilación en las filas enemigas y pronto éstas se rompieron en varios puntos a la vez, corriendo el enemigo en todas direcciones.

La victoria por nuestra parte estaba declarada y llegó el momento de la persecución. La caballería cargó para el sur y para el norte y nuestros bravos Cazadores consiguieron tomar siete piezas de artillería enemiga, y habrían logrado capturar al mismo Cáceres y su Estado Mayor, si el mal estado de la caballada no los hubiese auxiliado en su precipitada fuga.

Los infantes por su parte no perdieron el tiempo y persiguieron al enemigo hasta las más altas cumbres, ocupándose bien pronto con la fuerza que se pudo organizar y dos piezas de artillería el propio campamento enemigo en la cima del Cuyulga.

La persecución se prolongó hasta las 3 P. M.con excelentes resultados, pues se consiguió dejar el campo sembrado de cadáveres en una extensión considerable, dispersándose al enemigo en todas direcciones y haciéndolo abandonar sus armas y sus municiones.

Tal ha sido, señor General, la espléndida victoria obtenida por nuestras armas en las inmediaciones de Huamachuco, contra las fuerzas unidas de Cáceres, Recabarren, Elías, Prado y demás caudillos, que según datos del mismo enemigo, llegaban a 3.800 hombres bien armados, sin contar las tropas irregulares de Santiago de Chuco y de esta misma población que tomaron parte en la batalla; y ella ha venido a probar una vez más que el heroísmo de nuestros soldados puede compensar con mucho la inmensa superioridad numérica de sus enemigos.

En el acto de terminarse la batalla ordené que se destinasen todos los soldados sobrantes de la división a recoger nuestros heridos, las armas y municiones que quedaron en el campo.

Los heridos a las 6 de la tarde estaban en cómodos lechos y atendidos con esmero por el Servicio Sanitario, que no ha omitido sacrificio por nuestros valientes soldados.

Por las adjuntas relaciones se impondrá V. S. del número de nuestras bajas, armamentos, municiones y trofeos tomados al enemigo, municiones consumidas y demás circunstancias que puedan ser de interés.

Nuestras bajas son relativamente pocas, si se atiende al mayor número del enemigo y a la duración de la batalla, pues apenas llegan a un diez por ciento.

El enemigo dejó en el campo más de 500 muertos, y pueden estimarse en 300 los que han caido en las alturas y que día a día se van descubriendo. En cuanto a los heridos, tengo noticias que existen ocultos hasta a cinco leguas a la redonda, por cuyo motivo he despachado comisiones a recorrer los alrededores. Muchos jefes y oficiales quedaron también en el campo, entre ellos los jefes de los batallones Pisagua, Huallaga, Jauja y Zepita, y otros que no pudieron ser reconocidos. Cáceres con unos pocos oficiales huyó, según se dice herido, por las alturas de Chuzgon.

La derrota ha sido, por lo tanto, completa, y con ella creo terminará de hecho toda resistencia de fuerza armada digna de considerarse.

Habiendo confesado el enemigo que su artillería se componía de trece cañones, menos dos o tres que había dejado ocultos en los altos de Yungay, y no habiéndose capturado sino siete el día de la victoria, hice buscar con empeño los que faltaban para el completo, teniendo la fortuna de encontrar cuatro el día de la fecha, con los cuales se ha enterado el número de once.

Por lo que respecta a las armas, municiones y equipo, síguese recogiendo en buen número, no obstante las dificultades del terreno y la gran extensión en que se encuentran diseminadas.

No terminaré, señor General, sin cumplir el deber de recomendar a las consideraciones de V. S. a todos los señores jefes, oficiales e individuos de tropa que componen esta división por su brillante comportamiento en el campo de batalla y durante toda la campaña, puesto que a su denuedo y patriotismo se debe tan importante victoria.

Ya que no es posible recomendar a cada uno especialmente porque todos rivalizaron en valor, séame permitido como justo homenaje al mérito probado, hacer mención particular de los señores jefes de cuerpo y secciones, que han sabido mantener en nuestros bravos soldados el sentimiento patrio y la disciplina que constituyen la base de las victorias; tales son: el Jefe de Estado Mayor, sargento mayor de guardias nacionales don Juan Francisco Merino; comandante del batallón movilizado Concepción, teniente coronel don Herminio González; comandante del batallón movilizado Talca, teniente coronel don Alejandro Cruz; comandante de las fuerzas de Cazadores a Caballo, teniente coronel graduado don Alberto Novoa; jefe de la Brigada de Artillería, sargento mayor don Gumecindo Fontecilla; jefes de las compañías del batallón Zapadores, capitán ayudante don Ricardo Canales; y jefe del Parque, teniente de guardias nacionales don J. Abel García.

También cumplo con el deber de recomendar a V. S. especialmente al Cuerpo Sanitario, compuesto de los doctores don Clodomiro González, don Carlos Vargas y don Manuel Rencoret, y a los ayudantes de la comandancia en jefe, capitán del batallón Concepción don Rafael Benavente, al id. id. don Cesáreo Medina, y teniente de ejército don Egidio Gómez, a los de estado mayor, capitán de ejército don Santiago Herrera,teniente del batallón Zapadores don Martín Urbina y subinspector de telégrafos don Demetrio Tobar, y finalmente, al ayudante del Parque empleado de telégrafos don Wenceslao Rivera.

Réstame sólo felicitar a V. S. por tan importante victoria para las armas de la patria.

Dios guarde a V. S.

ALEJANDRO GOROSTIAGA

Al señor General en Jefe del ejército
****************
Saludos
Jonatan Saona

4 comentarios :

Raúl Olmedo D. dijo...

El parte de Gorostiaga está bien y cuidadosamente redactado, pues deslinda con habilidad aquello escabroso que no puede constar llana y directamente por escrito.
"500 muertos en el plano y otros 300 en las alturas" debe entenderse como : sin prisioneros en el plano, todos repasados, y otros 300 heridos o prisioneros repasados en el alto.
Aquellos heridos "que día a día se van descubriendo" no aparecen posteriormente como prisioneros capturados. Todos fueron ultimados en la forma que se ha detallado en otros comentarios.
El recorrido de hasta 5 leguas alrededor del campo de batalla que realizó la caballería en los días posteriores, ubicó numerosos heridos (Prado, entre ellos) que también fueron ejecutados in situ. Los jinetes utilizaron sus sables, excepto en el caso de oficiales. No hubo, reitero, prisioneros, y esas eran ,las instrucciones terminantes de Lynch.

El dato de 1.661 combatientes chilenos en el campo es exacto.
Aquel de 3.800 peruanos "mas algunas fuerzas auxiliares" se contrapone con el que aporta Cáceres, quien señala haber entrado en combate con sólo 1.400 hombres.
Es de preguntarse como podría haber intentado rodear y aniquilar a Gorostiaga el día 8, contando sólo con ese escaso número de combatientes, por una parte. Y también, como pudo haber sobrepasado las alas de la línea chilena el día 10, durante la batalla, si sus fuerzas eran inferiores en número.
Ambos datos tácticos emanan de Cáceres, no de Gorostiaga.
Este último, ya general y ejerciendo la Intendencia de Angol, en 1886-87, se negó a comentar los partes de Cáceres. "El sabe", fue todo lo que expresó al respecto.
Lo que está demostrado es que la infantería de Cáceres carecía de bayonetas para sus fusiles. Y que su munición era insuficiente.
En cambio Gorostiaga había recibido, el día 6 anterior, unos 400.000 tiros que le aportó el comandante H. González a sumar sus fuerzas al contingente principal. Detalles.

R. Olmedo

Anónimo dijo...

En Arequipa estaban mas de 4000 soldados Peruanos y huyeron cuando Jose Velazquez iba llegando con mas de 2000 mil hombres,esa se supone iba a ser la batalla decisiva,de ahi viene el dicho "Y el Misti que? "
Pd. El repase comenzo en la batalla de Tarapaca en contra de los chilenos y de ahi Gorostiaga juro vengar a sus camaradas,asi lo hizo en el campo de la Alianza diciendo: "Hoy no hay prisioneros,haremos lo mismo que nos hicieron en Tarapaca.

Nicco The Bomber dijo...

1. Para cuando Velazques llego a Arequipa el Tratado de Ancon, ya se habia firmado.
2. El Repase inicio en la batalla de caballeria de Germania, donde los jinetes peruanos y bolivianos, ya vencidos, fueron vilmente ejecutados, y si contar el fusilamiento masivo en San Francisco. De ahi a "deguello" en Tarapaca.

Mariano Cornejo dijo...

El inicio del REPASE lo realizo el ejercito chileno en el desembarco de Pisagua donde fueron asesinados elementos del ejercito peruano y bolivianos heridos y que no podian defenderse.

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