lunes, 23 de julio de 2012

Muerte de Prado


LEONCIO PRADO

Por entre las ruinas de Huamachuco vagará perpetuamente una sombra, como el ángel custodio de sus tumbas; y esa sombra no será otra que la de aquel joven soldado tan celoso de la libertad de su patria, como lo fue de la Cubana.

Vamos a desmentir las falsas narraciones que los escritores chilenos han  hecho acerca de la muerte de Leoncio Prado, y en la que, con sobrada malicia han enaltecido el valor en sus últimos instantes para disimular un crimen.


Hijo de un prestigioso e infortunado jefe del ejército peruano, cuya gloria ofuscaron superiores a su previsión, pareció consagrado por las mismas desgracias de su padre a salvar con ahínco la honra de su apellido.

Los dos hermanos Leoncio y Grocio Prado, fueron los hijos gemelos del deber: el uno murió gloriosamente en Tacna; y, el otro, después de haber pelado con el denuedo propio de su corazón valeroso, fue victimado miserablemente en Huamachuco.

Vamos a narrar los episodios de esa muerte, que un día será tema de la tragedia o la novela en que popularizado hecho tan triste hará imperecedera su memoria.

Era el sábado 14 de julio cuando Leoncio Prado herido gravísimamente en la pierna y salvado con sus tres fieles ordenanzas, se hallaba refugiado en la casa de José Carrión, arrendador de la hacienda Serpaquino, en el punto llamado Cushuro, a tres leguas de Huamachuco.

La manera como el infortunado Leoncio solicitó hospitalidad en la casucha de  ese indígena se refiere haber sido de lo más enternecedor: el dinero consiguió, lo que los ruegos no alcanzaron.

¡Y no haber adónde llamar!

En la tarde de aquel día el indio desapareció de su morada, y al caer el sol, en aquella hora melancólica en que las madres enseñan a los niños a rezar el Ave María, una comisión de cincuenta hombres, a las órdenes del capitán de artillería Julio Fuensalida, sorprendió al refugiado y a sus leales ordenanzas.

Se nos ha referido que una vez Prado en su escondite había dicho a sus soldados: hasta aquí no más, hijos, yo no puedo moverme; pero ustedes pueden salvarse: déjenme.

No, mi coronel, contestaron sencillamente aquellos sublimes compañeros del infortunio.

Insistió Leoncio manifestándoles la imposibilidad de poder continuar y los ordenanzas, por única respuesta le abrazaron llorando.

Así, tácitamente y de manera tan solemne, se firmó el pacto del sacrificio entre aquellas almas cuya grandeza era semejante.

En la noche entraban a Huamachuco, la comisión y los prisioneros. Leoncio, invalidado, fue conducido en una camilla.

Los cuatro prisioneros fueron alojados en la casa que servía de cuartel a la artillería chilena, casa del finado señor don Manuel Bringas, y depositados en la última sala de la derecha.

Recordamos, algunas veces, haber visitado esa sala, que sobre dos de sus paredes tenía al fresco en una: el retrato de Bolívar; y, en otra, el de Salaverry; eran dos medallones, uno de la época gloriosa en que don Simón acampó con su ejército en Huamachuco; y otro del tiempo en que Salaverry era como el caballero Bayardo de la república.

Aquellos retratos estaban destinados a ser los mudos testigos del sacrificio de un valiente.

Desde la noche del sábado hasta las nueve de la mañana del domingo duró la prisión de Leoncio y sus compañeros.

Prado manifestó que deseaba hablar con algún peruano; como si alguna revelación ya patriótica, ya íntima, como si algún legado misterioso quisiera hacer antes de morir.

Un maestro carpintero, apellidado Coluna Monzón fue quien llegó al cuartel a las nueve de la mañana; pero no se le concedió permiso para recibir la postrer confidencia de nuestro compatriota; y vio, nos lo ha referido, al coronel,  medio recostado tomando un poco de sopa, en un plato de loza y con una cuchara de palo.

A la misma hora las tropas chilenas desocupaban Huamachuco y emprendían su marcha con dirección a Cajabamba.

Los centinelas chilenos no abandonaban, sin embargo, su puesto y del lugar llamado la Calzada, ya en las afueras de la población, regresó un ayudante del coronel Gorostiaga, en momentos que Prado comenzaba a tomar su alimento. Al ver este a aquél, le pidió permiso para hablar con el carpintero Coluna; y el ayudante contestó de este modo: -“Coma usted nomás, no hay permiso”. Prado entonces arrojó el plato lejos de sí, e incorporándose y comprendiendo su sentencia dijo: -“Pues que voy a morir, muero por mi patria, viva…” esta palabra se confundió con el traquido de un balazo, era el del revolver del ayudante, que casi a boca de jarro le penetró por la mejilla izquierda, matando instantáneamente al bravo Leoncio.

El ayudante que no se había apeado del caballo volvió riendas y marchó e incorporarse con su tropa. Los guardias en seguida fusilaron a dos de los asistentes de la víctima, a los más muchachos, los tres habían contestado al viva lanzado por su jefe.

Fueron fusilados en un rincón del traspatio de la casa, que nos ha sido señalado por testigos que hallaron los cadáveres; el tercero fue llevado de guía por los mismos guardias y en un pueblecito llamado Marcaval, a tres leguas de Huamachuco, en la ruta de Cajabamba, lo fusilaron igualmente.

Así murieron los cuatro héroes.

El cadáver del coronel peruano fue conducido al cementerio del lugar en una caja, se asegura, obsequiada por la señora Carmen Arana y la señorita Paula Arana, su hija, ambas de las familias medianamente acomodadas de Huamachuco, y que tan perseguidas fueron posteriormente por las autoridades de don Miguel Iglesias, solo por el delito de haber sepultado a nuestros héroes, de haber hospedado a los defensores del principio constitucional y de haber manifestado simpatía por la causa del general Cáceres, causa que digan, lo que digan, fue siempre la de la provincia de Huamachuco y muy en especial de la ciudad donde se librara el combate y en la que hasta las  mujeres han sido perseguidas por ella.

Los restos de Leoncio Prado se depositaron cerca del nicho del coronel don Gaspar Calderón, huamachuquino y benemérito a la patria en la época magna.

La mortaja del valiente fue su uniforme.
**************
Imagen, dibujo realizado por el artista Josué Valdez Lezama, y que pronto aparecerá publicado en el libro "Guadalupe, la Historia"
Texto tomado del lbro Huamachuco y sus desastres, de Abelardo Gamarra

Saludos
Jonatan Saona

20 comentarios :

Anónimo dijo...

Este relato es falso, ya que además no hubo testigos peruanos para contarlo, sólo algunos militares chilenos que coinciden en la versión que fue fusilado dentro de su carpa, por una orden de Patricio Lynch que decía que todos los peruanos prisioneros que habían tomado las armas contra chile eran montoneros, tropas irregulares. leer libro Adios al 7o linea, de Jorge Inostroza

Anónimo dijo...

El cobarde asesinato de heridos y prisioneros es uno de los puntos mas notorios de esta guerra de conquista y esto no sólo ocurrió como dicen contra "montoneros", ocurrió durante toda la guerra inclusive contra soldados regulares y civiles evidentemente no combatientes de diversas nacionalidades.

Anónimo dijo...

Leoncio Prado habia sido tomado prisionero y enviado a Chile. Fue puesto en libertad, con la promesa que no volviera a tomar las armas contra Chile. Lo hizo, tendiendo clara las consecuencias que de ser tomado prisionero nuevamente iba a ser pasado por las armas.

Anónimo dijo...

no entiendo nada

Anónimo dijo...

No se que decir pero, los que pelearon en los avelinos contra Chile fueron casi todos simples campesinos, que querían vengarse de los chilenos cuando entraban a sus pueblos y liberarse del gamonaje (en el que eran explotados primero por sus curacas y los hacendados criollos); no eran un ejercito regular pero erán liderados por oficiales del ejercito peruano bajo la promesa de vengarse de los chilenos y acceder a tierras de cultivo para mantener a sus familias.

Anónimo dijo...

Adios al 7mo de linea es una novela histórica, está en un contexto histórico y tiene entre sus personajes a personas reales pero por ser novela tiene cosas de ficción, por lo tanto no debe considerarse como una fuente historica seria al igual que otras novelas historicas.

Juan Leyva dijo...

Si,,, Caceres ofrecio a los pobres campesinos la propiedad de las haciendas pues hablarles de amor a la patria de la bandera no tenia mucho sentido ,,,y además muchos hacendados en esa parte del Peru colaboraban voluntariamente o por temor con los chilenos,,,,asi que Caceres obtenia lo que quería que los campesinos luchasen,,,,y los campesinos obtenían también lo que querían,,vengarse de los abusos de los chilenos y los hacendados peruanos y tener tierras,,,

Vladimir Prado dijo...

Gloria al Peru gloria a mi querida Bolivia, somos un solo pueblo hermano.

Raúl Olmedo D. dijo...

Todos los soldados bajo bandera y campesinos irregulares que bajo las órdenes de Cáceres se enfrentaron a las fuerzas de Gorostiaga en Huamachuco, el 10.07.83 sabían que no sobrevivirían a una derrota. Eso estaba claro para ambos bandos, pues lo mismo vale para los combatientes del Ejército de Chile. Desde los combates de Pucará, Marcavalle y Concepción, en julio del año anterior, todos los caídos chilenos eran sistemáticamente desmembrados y sus despojos, vejados, paseados luego en las lanzas y rejones de los montoneros. Una costumbre muy particular de los serranos que no dejó de sorprender a las fuerzas chilenas. El mismo general Cáceres relata esos hechos.
La conclusión de Lynch a este respecto fue que aquellos combatientes capaces de ejecutar tales actos - especialmente en La Concepción - así como los oficiales que les mandaban, habían dejado de tener la condición de combatientes regulares y que - apresados que fueren en el caso de ser vencidos - debían ser pasados por las armas sin excepciones. Así de claro.
Tal cual se cumplió en Huamachuco y alrededores, sin dudas ni titubeos. Para no privarse de munición (muy disminuida después del encuentro en Huamachuco) a la tropa capturada, herida o ilesa, se le ultimó al arma blanca : sable, bayoneta o corvo. Y a los oficiales, con sólo uno o dos disparos en la espina dorsal, lo que implicaba una muerte rápida o lenta, pero segura. Disparos de carabina (0,44") de la caballería, de la que aún se disponía de munición sobrada. No de fusiles de 11 mm., semi agotada.
Los relatos sobre la muerte del bravo coronel Luna, y el comandante Osma, son precisos al respecto.
Para apreciar estos actos en su contexto, cabe considerar lo mas arriba expuesto : en el caso inverso, los chilenos vencidos habrían sido, además de muertos in situ, descuartizados, como se estilaba en la Sierra en ese entonces. Ellos lo sabían bien, así es que no vacilaron.
Horroriza hoy en día el relato de estos hechos, pero en aquella época se trató de algo apenas si algo distinto de la rutina diaria.

Raúl Olmedo D.

Anónimo dijo...

Si Lynch obraba correctamente según los chilenos de hoy, porque mintió a su presidente diciendo que "Leoncio Prado, herido gravemente, se suicidó" (googleenlo entre comillas en google books) porque era un cobarde que no era capaz de aceptar sus actos, por el mismo motivo que Gorostiaga tampoco era capaz de mirar a los ojos a los que iba a asesinar (mando decir que ya había dejado el pueblo, evitaba confrontar a sus victimas, LEANLO EN LOS RELATOS) hubo prisioneros chilenos en San Pablo cuyas vida fueron respetadas como el capitán Zacarias Mesa que liberados lucharon en Huamachuco,

Anónimo dijo...

Los peruanos en estos aspectos son reyes de la mentira. Prado sabía que sería fusilado en cuanto se le pusiese la mano encima. El remate de prisioneros, se hacía al igual por ambos bandos, a lo largo de toda la guerra. Pero los serranos de acuerdo a sus costumbres ancestrales ,que guardan y practican hasta hoy( Recordemos las matanzas de Sedero Luminoso, de los rebeldes, de los policías , y sobre todo del Ejército peruano, con mutilaciones, descuartizamientos y torturas , hechas en el período 1980 a 1989, en la misma sierra de estos hechos,llegando los muertos oficiales a ser más de 80.000.-)Es el modo de ser del indígena peruano. Cáceres los odiaba por esto, lo dice en sus memorias. Eran además irregulares, y de los 300 fusilados en huamachuco , 200 eran desertores chilenos que peleaban a favor del Perú.

Miguel Huerta dijo...

FALTÓ A SU PALABRA DE HONOR Y ASÍ DEMOSTRÓ QUE NO LO TENÍA.En efecto ,en Chile , dónde estuvo prisionero ,se le condonó su pena y se lo devolvió al Perú , en libertad.Juró ,por su honor, no volver a tomar las armas contra Chile.Por supuesto ,astutamente , no cumplió. Era un engaño , o sea una peruanada más , de las cientos que hubo .¿Qué tiene de extraño el fusilamiento? Nada ,él lo sabía , y era la ley de la guerra que él aceptó.El lloriqueo peruano, tan justamente rechazado por el historiador peruano , Nelson Manrique, le quiere otorgar aura de mártir, y aún ridículamente lo tilda de "angel".¡ No exageren señores peruanos, él se lo buscó y punto! Esa guerra la de la Sierra , y para los peruanos, de la Breña, fue una guerra a muerte, contra salvajes y bárbaros peruanos , hasta hoy en estado de primitivismo absoluto.Sí , la GUERRA DESATADA POR SENDERO LUMINOSO, dejó ochenta mil muertos, pero sobre todo ASESINADOS a sangre fría, descuaRtizados , despostados y carneados, por la indiada cerruca,Sólo faltó que se los comieran ,cosa que sí hicieron ,más de una vez ,con los chilenos , en la Breña.El general Cáceres odiaba por esto a los cerrucos y sus horrendas costumbres.Las indiadas que seguían al ejército regular ,eran sistemáticamente exterminadas y en buena hora. Por parte peruana , tampoco se tomaban prisioneros, y se les hacía morir en forma horrorosa,, y luego paseados , en triunfo ,sus cabezas ,brazos , piernas étc.en las puntas de las lanzas o bayonetas. Así es que no se hagan los finitos ,ni remilgosos. La cosa fue igual por lado y lado.AHHH....y no se diferenciaba , entre mujeres ,niños o recién nacidos.

Carlos Peralta Prensa dijo...

Los chilenos hablando de mentiras jaaaaa tremendos cínicos cobardes traidores que desvergüenza solo ganaron gracias a su amo Inglaterra y fueron cobardes genocidas y violadores de niñas y mujeres civiles incluso extranjeras. Dan vergüenza mapuchindios.

Carlos Peralta Prensa dijo...

Los chilenos hablando de mentiras jaaaaa tremendos cínicos cobardes traidores que desvergüenza solo ganaron gracias a su amo Inglaterra y fueron cobardes genocidas y violadores de niñas y mujeres civiles incluso extranjeras. Dan vergüenza mapuchindios.

Anónimo dijo...

Esta historia es falsa. He leído 5 versiones distintas de la muerte de Leoncio Prado, pero si tienen algo en común y que tiene que ser cierto. Leoncio Prado murió pasado por las armas en razón a que las tropas de Cáceres eran consideradas montoneras y guerrillas. Lo peor para Prado es que estando prisionero en Chile, para ser liberado firmó una promesa de honor que no volvería a tomar las armas cvcontra Chile. El estaba en la lista de los más buscados y Prado lo sabía, sabía la suerte que correría si era apresado. Murió como un valiente y eso no tiene discusión.
La guerra de la breña fue cruenta y despiada por parte de los de Cáceres y por parte de los Chilenos. No había cuartel porque los Chilenos sabían que todo prisionero que aoresasen sería pasado por las armas y también sabían que si ellos caían prisioneros serían torturados despedazados y mutilados, era del seguro una muerte horrible por la indiada. Cuando los 77 chilenos de la Casa ncepcion se enfrentaron a los 1.500 serranos sabían que no tenían ninguna opción y la rendición era el peor escenario como todos los enfrentamientos de esa época. Así fue, sus cuerpos fueron despedazados, decapitados hombres y mujeres y los bebes de las mujeres que acompañan a la tropa ensartados en lanzas. Eso esta documentado en la Histografia chilena y peruana. El típico lloriqueo peruano no repara que tempranamente los Chilenos aprendieron del repase en Tarapaca. O van a decir que tomaron prisioneros en Tarapaca?. Repase y brutalidad hubo en ambos bandos,.. era una guerra no un paseito de boys scouts.

Mariano Cornejo dijo...

Facil es mentir sobre todo para los chilenos el inicio del REPASE en esta guerra se inicio en el desembarco de Pisagua donde soldados chilenos asesinaron a soldados peruanos y bolivianos heridos que no podian defenderse.
Con respecto a Chile los historiadores como Vicuña Mackenna, Barros Arana o Francisco Encinas han mentido para justificar la usurpacion de territorio ajeno todo esto para favorecer a la oligarquia dominante de esa epoca. Pero la mentira tiene patas cortas y despues de mas de 100 años surguen otros historiadores chilenos valientes y honestos que al saber la verdad la aceptan y difunden como Castulo Martinez que atraves de varias obras corrobora una sola verdad.

ws2falcon dijo...

Si Prado prometió no combatir a Chile, sabiendo muy bién lo qué le esperaba si lo hacía, entonces se arriesgó demasiado en Huamachuco. Ambos lados estaban listos para armar la carnicería qué esa batalla fué. Es lamentable qué el ejército de La Breña entrara a combatir en inferioridad de condiciones.

Anónimo dijo...

no lo puedes hacer mas resumido lo necesito para mi trabajo, esta muy bonita la lectura pero la quiero resumida

Nicco The Bomber dijo...

No entiendo como los del sur, creen que el repase se inicio en Tarapaca (?).
Y lo de Germania, San Francisco, Pisagua?...

Jose Marcos-Sanchez dijo...

Toda la vida éstos muertos de hambre chilenos se han querido adueñar de lo nuestro,porque ¿Qué produce su tierra? chilenos. ¿y que es ser cileno?,es ser lo peor de la especie humana

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