martes, 13 de diciembre de 2011

Eliodoro Camacho

Testimonio de Eliodoro Camacho sobre la Junta de Guerra en Camarones

El General Eliodoro Camacho, en un manifiesto publicado en 1882, afirmó:
“El General Daza es el único responsable de la retirada, por haberla ordenado contra el dictamen de varios de los jefes en la Junta de Guerra que tuvo lugar en la quebrada de Camarones.
El mismo día en que el ejército llegó allí me encontré con el Secretario general, señor Gutiérrez, quien me preguntó que pensaba acerca de la continuación de la marcha en vista de que la tropa había llegado en completo estado de cansancio y destrucción. Juzgando que la pregunta se refería a marchar al día siguiente, contéstele sin vacilar que era imposible y que la tropa debía descansar en ese lugar. Dijomé entonces que yo le hablara al General Daza en ese sentido, sin temor alguno, puesto que era idea aceptada ya por él mismo.

En la Junta de Guerra que tuvo lugar aquella tarde expuse yo que la marcha no podía continuar al día siguiente, tanto por lo rendida que venia la tropa, cuanto porque marchábamos a ciegas, sin saber la posición del enemigo, ni la del ejército aliado a órdenes del general Buendía; que convenía, por consiguiente, que el ejército boliviano se refrescase en Camarones, donde había agua abundante y víveres suficientes; que mientras tanto el General Daza, dos ayudantes y yo, hiciésemos una rápida y peligrosa, y al mismo tiempo proficua, excursión sobre Pozo Almonte, donde hallaríamos al ejército aliado y a cuya cabeza se pondría él; que desde allí ordenaría los movimientos del ejército de Camarones, bien sea para el ataque en combinación con el ejército de sur. o bien para que se uniesen ambos en Televiche (Tana). El General Daza pareció aceptar estas ideas y ofreció telegrafiar en ese sentido al General Prado’’.

Con posterioridad a su manifiesto, en correspondencia cambiada con Miguel de los Santos Taborga. Camacho dio más detalles:
"Durante aquel consejo militar unos jefes apoyaban mi idea, otros opinaban a favor de una retirada y otros, en fin, se declararon sin el derecho de pensar y sólo con el deber de obedecer. El General en Jefe no hacia manifestación alguna, pero con movimientos de cabeza y una que otra palabra entrecortada, mostraba su decidido propósito de retirada.
Yo por mi parte insistía, apoyado por varios, en que él y yo fuésemos a Pozo Almonte. De norte a sur existían los puntos de Camarones, San Francisco (Dolores) y Pozo Almonte, ocupados, respectivamente, por el ejército boliviano, el chileno y el perú-boliviano. La unión del primero con el tercero no podía verificarse sin exponerse a un choque desventajoso con el segundo, que estaba en el centro.

Dije en el consejo militar: "No conocemos, de general a tambor, la distancia que hay desde aquí a donde está el General Buendía con el ejército unido. Sólo sabemos que el terreno es un inmenso calichal interceptado por el ejército chileno. ¿Podemos ir donde Buendía o él puede venir donde nosotros? ¿Cómo nos reuniremos? Sería una insensatez proseguir con una marcha que podría comprometer a nuestro pequeño ejército en choque parcial con el grueso chileno. La retirada inmediata sería también una ignominia para nosotros, porque además de dejar solo al ejército perú-boliviano que está en el departamento de Tarapacá, haríamos peligrar la alianza y apareceríamos como traidores a ella.
Por consiguiente, mi opinión no es de avance ni de retirada inmediata, sino de un rápido reconocimiento del terreno en el que tenemos que operar. Conviene por tanto que el General en Jefe se traslade con toda celeridad a Pozo Almonte y tome el comando del ejército que está allí. Entonces, conociendo el terreno en el que están los tres ejércitos, podrá combinar la concentración de los aliados para actuar sobre las posiciones chilenas. De este modo las fuerzas perú-bolivianas quedarán bajo el mando de un solo jefe. Nuestras tropas de Camarones están rendidas por la fatiga, pero aquí hay agua y víveres y bastante forraje. No desconozco los peligros serios que correría el general en Jefe con esa expedición. Puede caer en manos de destacamentos o avanzadas chilenas. Por esta razón quiero yo, y no se me negará este derecho, ser de la comitiva del general, para acompañarlo en los azares que va a correr. Mi plan fue aceptado por la mayoría'’.

Camacho añadió en su manifiesto: “Al día siguiente fui llamado a la oficina de telégrafos donde se hallaba el General Daza con su Secretario General. Me mostraron un telegrama recibido de Arica en el que el General Prado decía poco o más o menos:
“Habiendo recibido su mensaje de ayer en el que me manifiesta la resistencia del ejército a continuar la marcha, convoqué anoche una Junta de Guerra que ha resuelto se ordene al General Buendía que ataque inmediatamente. Por consiguiente, no solo es peligrosa sino inútil la marcha personal de usted al sur”. 
Esto me convenció de que el General Daza no pasó a Prado la comunicación convenida, sino otra que la voz pública repetía haber sido en estos términos: “Desierto abruma. Ejército se resiste continuar. No hay víveres”. 

Cuando reclamé por haberse faltado a lo convenido, se me contestó con un enredo de palabras. Cuando pedí conocer el telegrama enviado para descifrar el mal entendido en el que había caído el General Prado, el doctor Gutiérrez se buscó los bolsillos y me dijo: "He perdido el papelito”.

En la tarde del mismo día llegó de Pozo Almonte el Teniente Felipe Niño de Guzmán, con varias comunicaciones para el General Daza, en las que el general Buendía lo llamaba a ponerse a la cabeza del Ejército de Tarapacá. Los más de los jefes rogamos al General Daza proseguir la marcha. Unos pocos opinaron por la retirada. El General Daza se limitó a escucharnos. No dio ningún dictamen, ofreciendo únicamente, de un modo indeciso, decirle al General Prado que telegrafíe a Pozo Almonte para que se suspenda el ataque ordenado. A poco de retirarme del alojamiento del General Daza oí en el campamento dianas ejecutadas por las bandas de música. Cuando pregunté el motivo se me avisó que se había ordenado la contramarcha".
****************
Texto tomado del libro "Guano, Salitre y Sangre" de Roberto Querejazu Calvo.

Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

el es un heroe

Anónimo dijo...

conozco donde fue su casa, esta en inquisi

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