viernes, 29 de abril de 2011

José de la Puente Cortés

Páginas olvidadas de la ocupación chilena de Lima.
 José Agustín de la Puente Cortés y el panóptico de Lima (1881)

José Agustín de la Puente Cortés (1838-1910), vecino notable de Lima y director del Panóptico de Lima durante la ocupación chilena.

Sobre la ocupación chilena de Lima se ha investigado poco, la mayor cantidad de investigaciones se han centrado en las acciones militares, el heroísmo de los héroes y la reconstrucción gráfica del conflicto.
Todos los héroes no murieron defendiendo Lima en San Juan y Miraflores. Hubo un grupo de notables que crearon el gobierno de la Magdalena a cargo del Presidente Francisco García Calderón.
Vecinos notables como él pagaron el precio del destierro a Chile por el hecho de tratar de conservar el orden político y social en medio de una guerra en la cual Piérola y Cáceres habían formado bandos para combatir la invasión chilena.

Hoy les hablaré de uno de estos héroes olvidados en la guerra con Chile.

José Agustín de la Puente Cortés (1838-1910)
Nacido en Lima en 1838. Se formó en el Instituto Militar, siguió carrera en la milicia hasta obtener grado de teniente coronel. Fue adjunto a la legación peruana en Chile (1855-1858), vicecónsul y cónsul del Perú en Caracas, prefecto de Junín y director de la Penitenciaria de Lima durante la guerra con Chile.
Fue alcalde de Lima en 1894 y como ministro de Hacienda y Comercio durante el gobierno provisional de Justiniano Borgoño (1894).
Además fue un importante hacendado de la Magdalena (actual distrito de Pueblo Libre) y escritor costumbrista y aficionado a la historia. Gran parte de sus artículos fueron publicados en El Comercio. Fue uno de los fundadores del Instituto Histórico del Perú en 1905.

Les voy a presentar un fragmento de las memorias de José Agustín de la Puente, en las que relata los sucesos ocurridos durante la ocupación chilena de Lima. En ese momento De la Puente era director del Panóptico, la cárcel de Lima. Las autoridades chilenas se apoderaron de todas las instituciones del Estado peruano, e incluso flamearon su bandera en palacio de gobierno. Sin embargo, gracias a José Agustín de la Puente Cortés, hubo una institución del Estado que permaneció libre de la injerencia extranjera.

En este fragmento, cuenta de la Puente cómo recibió el encargo del ejército chileno para continuar como director de la cárcel de Lima bajo las órdenes del gobierno extranjero. De la Puente renunció y se negó a cumplir este mandato por considerarlo una traición a su país. Fue una decisión difícil, pues, puso en riesgo su integridad al contradecir a las autoridades militares chilenas que habían ocupado Lima.

Gracias a su valor y la suerte de contar con algunos oficiales chilenos de muy buena disposición, se pudo lograr algo impensable, que el panóptico de Lima se rigiera bajo las leyes peruanas. De esta manera, De la Puente aceptó el cargo con la condición de que los chilenos no tengan jurisdicción sobre la cárcel de Lima.
En los momentos más difíciles para nuestro país, De la Puente se hizo de cargo de la cárcel, que felizmente estuvo en manos peruanas. Solo imaginar que estuviera bajo la administración chilena nos horroriza. Cuantos abusos y malos tratos para los prisioneros peruanos. La cárcel se habría convertido en un verdadero calabozo.
Los chilenos pusieron sus ojos en saquear las haciendas y objetos valiosos de las instituciones para poder seguir financiando su invasión al Perú y no quisieron hacerse cargo de instituciones como ésta, por ser una gran responsabilidad que no les reportaba ningún beneficio.
Sin más preámbulos le presento un fragmento de las memorias del José Agustín de la Puente Cortés.

"Ausente de la capital de la república el poder ejecutivo, la penitenciaría pasó a ser una dependencia de la Municipalidad de Lima, la que atendía á sus necesidades y corría con su administración.
Me hallaba al frente de este establecimiento, por unánime elección de los honorables compañeros municipales, cuando el jefe político tomó posesión de la municipalidad y junto con ella de la penitenciaría. Aguardaba por momentos mi reemplazo, y con este motivo oculté todo lo de interés nacional, como motivos culturales como la gran mesa de la inquisición, libro de efemérides, sellos, etc., etc., para entregar las demás con las debidas formalidades; pero cuál no seria mi sorpresa al recibir el 9 de diciembre el siguiente oficio del jefe político señor Adolfo Guerrero, que me fue entregado por el coronel don Estanislao del Canto.


Jefatura política del ejército chileno.
Lima, diciembre 9 de 1881
Al director de la cárcel penitenciaría.
 Por disposición del señor general en jefe, el infrascrito se ha hecho cargo de todas las ramas del servicio que en este departamento estaban á cargo del alcalde municipal del Concejo Provincial.

Como entre esos servicios está el de la cárcel penitenciaría encomendada á usted, y en el cual no conviene introducir alteración alguna, continuará usted en el ejercicio de sus funciones, lo mismo que los demás empleados de su dependencia, sin que se introduzca alteración alguna en la marcha del establecimiento, que quedará siempre confiado á la responsabilidad de usted.
El señor coronel don Estanislao del Canto, comandante del 2º de línea, cuyo cuartel estará contiguo al edificio de la penitenciaría, que pondrá en sus manos este oficio, está encargado de atender á este servicio y proporcionar los auxilios que necesite.
Dios guarde á usted.
Adolfo Guerrero.

Nunca me vi más humillado, más dolorosamente impresionado que cuando leí el oficio anterior. Tomé la pluma y traté de contestarlo ¡pero la excitación nerviosa que me dominaba no me dejaba tranquilidad para escribir nada reposado y conveniente: después de varias tentativas me resolví a pasar el oficio siguiente:


Dirección de la penitenciaría.
Lima, diciembre 10 de 1881
Señor Jefe político del departamento-
He recibido el oficio de usted fecha de ayer, en que me comunicaba haberse hecho cargo de la Municipalidad de Lima, conforme á lo dispuesto por el gobierno, y que siendo la penitenciaría uno de los ramos que corren á su cargo, siga esta funcionando en el mismo orden y bajo mi responsabilidad, con los mismos empleados y sin que sufran alteración alguna.
En respuesta cumplo con decir á usted, que me hallo al frente de esta dirección, sin otra remuneración que la complacencia del deber cumplido, y que aunque en suspenso la municipalidad, a cuyo cargo corría el panóptico, habría seguido este establecimiento su marcha ordinaria, si para nada se hubiera tocado con él, haciéndolo aparecer como dependencia de municipalidad chilena.
Tal circunstancia me obliga á exponer á usted la necesidad que me asiste de solicitar que, en el día, se nombre una persona que me reemplace y se haga cargo de los sagrados intereses sociales que la benevolencia de mis honorables compañeros quiso poner bajo mi vigilancia.
Esta necesidad es tanto más urgente, cuanto que la constitución del Perú me prohíbe admitir destino de gobierno extranjero, y se acentúa, para mí más éste precepto si el puesto que se me ofrece dimana de los crueles é implacables enemigos de mi patria.
Dios guarde á usted.
José A. de la Puente.

Al otro día, muy de mañana, se presentó en mi casa un oficial en busca mía: se le dijo que me hallaba ausente y aunque el oficial dudó de la respuesta se retiró, dejándome dicho que fuera conforme llegara adonde el jefe político. Efectivamente, luego que llegué y me avisaron lo que pasaba, me puse en camino, adonde el jefe político, acompañado de algunas personas amigas; y dejando á la familia en la más angustiosa ansiedad.
Conforme supo el señor Guerrero que me hallaba presente me hizo entrar en el salón de su despacho, se puso de pie y me increpó, con tono y maneras atentas, lo inconveniente de mi oficio y la necesidad en que me hallaba de retirar las palabras duras que contenía, y de no ser así se hallaba en el deber de ejemplarizar este faltamiento.

Antes de seguir adelante, diré, que la presencia del señor Guerrero, no me fue en el primer momento odiosa, pues esperaba encontrar á uno de tantos insolentes matones que se gozaban en ultrajarnos; pero no fué así, vi un joven alto, fisonomía simpática y distinguida, maneras delicadas y de buen tono, palabra fácil, expresión benévola, y tan llano en su trato, que me pareció hallarme de igual á igual; como no le contestase á los cargos que me hacía, tuve que exponerlo delicada de mi situación, pues para mi condición me obligaban á callar, tanto más cuanto mis palabras podrían herirlo. A esta contestación, se paró, cerró la puerta, se sentó a mi lado y me dijo en el tono más llano y cordial, no tenga cuidado, hable de lo que quiera con toda confianza. Efectivamente nuestro dialogo fué vivo, la apreciación que hizo de los chilenos en Lima, si fué dura, fue la expresión de la verdad, sus cálculos, su modo de pensar tan natural y juicioso, tan sensato, tan ingenuo, labraron en mi animo un sentimiento de profunda pena, pues hubiera deseado encontrar otro hombre para haber tenido el derecho de quejarme; pero encontré á un caballero.
Por último díjele, que aunque quisiera no podía retirar esas palabras por cuanto ya estaban mandados los oficios al Gobierno, y que podía hacer de mi lo que le pareciera. A esto me repuso, bien, ¿en qué forma se quedaría usted al frente de la penitenciaría?
Como he estado hasta hoy, independiente de los chilenos, y sometido á las leyes y reglamentos peruanos. Bueno, voy a consultar con mi gobierno, después de tres o cuatro días contestaré á usted; yo le mandaré llamar. Me retiré, con pena, de esta entrevista, al verme en relaciones oficiales con esta autoridad y sin derecho a quejarme de ella.

Al cuarto día recibí una esquela del señor Guerrero en que me citaba para el día siguiente, fué exacto á la cita, y me expuso que convenía con mi deseo; que quedaría al frente de la penitenciaría, que como un depósito sagrado quedaría confiado á mi honorabilidad para que la administrara conforme con las leyes y reglamentos peruanos y sin intervención de ninguna clase de la autoridad chilena.
Le contesté que respetaba mucho su palabra; pero que motivos que no se le ocultaban, me obligaban á pedirle que esta declaración me la hiciera por escrito en forma de una nota, á lo que convino remitiéndome al día siguiente el oficio que va enseguida:


Jefatura política. Ejercito chileno.
Lima, diciembre 20 de 1881.
Señor Director de la Penitenciaria a don José Agustín de la Puente.
A la institución que usted dirige están vinculados sagrados intereses que deben ser atendidos de preferencia con el propósito decidido de que no sufra perturbación alguna en su marcha, pues cualquiera trastorno pudiera ser de fatales consecuencias para el orden social en cuya completa conservación todos debemos estar igualmente interesados.
A este móvil obedecía el infrascrito al pasar con fecha 9 del presente á usted el oficio en que le comunicaba la resolución que sobre el particular había adoptado al tomar posesión, de orden del señor general en jefe, de la alcaldía municipal de Lima y demás oficinas de su dependencia entre los cuales consideré y se encontraba así, por entonces, el panóptico.
Mas un estudio detenido del establecimiento, sus recursos, el estado actual en que se encuentra, gastos que demanda su sostenimiento y demás puntos á el concernientes me ha demostrado que pude continuar el establecimiento su marcha, sin embargo alguno, confiado en la dirección exclusiva de usted, y con completa independencia de esta jefatura, mucho más desde que es ageno á la naturaleza de las atribuciones de ella tener á su cargo una cárcel penitenciaría, incumbencia que corresponde y no a una institución local, sino al Estado.
En esta conformidad y de acuerdo con el señor general en jefe he decidido que en el panóptico continúe como se encontraba antes, bajo la dirección de usted, quedando en consecuencia responsable del orden y buena marcha del establecimiento, y atendiendo a sus gastos y necesidades sin gravamen para el tesoro municipal; y como consecuencia de la responsabilidad que ello le impone, procederá en el ejercicio del cargo con arreglo á las disposiciones peruanas vigentes sobre la materia y sin ingerencia á este respecto de la autoridad chilena. Con esta misma Supremo Gobierno la determinación que sobre el particular he tomado.
Dios guarde á usted.
Adolfo Guerrero.

BIBLIOGRAFIA Y FUENTES
DE LA PUENTE, José A. "Penitenciaria de Lima". El Comercio, Viernes 20 de abril de 1900
HAMPE MARTÍNEZ, Teodoro. “Los miembros de número de la Academia Nacional de la Historia (Instituto Histórico del Perú). 1905-1984”. Revista Histórica, XXXIV: 281-353.1983-1984

Articulo escrito por Juan José Pacheco Ibarra en su blog "historiador del Perú"
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Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Mich dijo...

José Agustín de la Puente Cortez, Marques de Villafuerte, era hijo de José Manuel de la Puente y Querajazu y de la Señora Paula Cortez y Alcazar. Ambos dueños de la Hacienda Orbea en el Valle de la Magdalena. José Agustín se casa con Josefa Olavegoya Iriarte teniendo seis hijos en total. Sus hijos se llamaron: María Rosa, Constanza, María Jesús, Manuelita, Agustín, y José Manuel de la Puente Olavegoya.

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